jueves, 20 de agosto de 2015

Columna : Enseñarles a cumplir sus obligaciones

                  Estás son las premisas fundamentales de esta columna: Primero, como papá o mamá hay que “hacer la tarea” y esto es: educar, formar y criar. Segundo, es inadmisible la justificación histórica de “nadie nos enseña a ser padres” pues está bombardeado de instancias para aprender y desarrollar mejores habilidades parentales y si no lo hace es porque sencillamente no ha querido. Tercero, los padres no estamos para hacer felices a nuestros hijos, entiéndase que ese no es el fin último de nuestra labor, sino la de ayudarles a desarrollar herramientas que les permitan ser felices en su vida adulta y cuarto, ser padre o madre, en ningún sentido es “ser el mejor amigo(a) de tu hijo(a)”, porque esa es la perfecta manera de no hacer la tarea.

               
Quienes tuvieron o tienen familia, con hijos en la niñez o la adolescencia y estamos al menos tratando de cumplir con nuestra labor, sabemos que es difícil, desafiante y agotador, que muchas veces parece que nos quedamos sin recursos (quienes tenemos esta profesión lo vivimos también). Otras veces, es tan tremendamente gratificante que miramos al cielo y damos gracias por sentir este inmenso y maravilloso amor por nuestros hijos, que es el motor de la vida familiar, sin importar si es biparental o monoparental.

                La tarea de criar,  implica entre otros,  enseñar conductas, formar buenos hábitos, el respeto a la autoridad y desarrollar un sentido del deber acompañado de una moral (diferenciar el bien del mal). Sabemos que muchas veces cumplir con el deber es algo que resulta muy aversivo para los niños, porque implica frustración al tener que postergar o suprimir aquello que resulta gratificante y es natural que tiendan a evitarlo. La pregunta es ¿Existe alguna condición psicológica que excuse a un niño de cumplir con su deber?... Lamento frustrarlo yo a ud, porque soy buena haciendo preguntas, pero no tengo todas las respuestas. Vamos a integrar algunas ideas y reflexiones para que, idealmente eso lo lleve a usted a sacar sus propias conclusiones.

La neuropsiquiatra infantil de renombre nacional Amanda Céspedes, autora del libro “Educar las emociones, educar para la vida”, entre otros,  plantea que el carácter  es la dimensión de la personalidad que debe ser modelada y se construye en base al ambiente, es  “un conjunto de destrezas que otorgan solidez, consistencia y objetividad a la conducta humana y provoca en los demás una suerte de confianza y fe”, el carácter es aquello que le permite a una persona lograr lo que se proponga, cumplir con el deber y sobreponerse a las dificultades, enfrentar los desafíos de la vida, todas cualidades que queremos desarrollar en nuestros hijos. El carácter, dice Céspedes, incluye: voluntad, perseverancia, sacrificio, responsabilidad, coraje, honestidad y compromiso. A lo que a nosotros podemos añadir, que la base para estas cualidades y actitudes es la tríada emocional que destaca la psicóloga clínica terapeuta familiar Lorena Camus: control de impulsos,  tolerancia a la frustración y la capacidad para postergar lo placentero, que viene a mostrarnos el temperamento (base biológica de la personalidad). Podemos convenir entonces que como padres deberíamos trabajar para que nuestros hijos desarrollen carácter.

                Tuve un amigo que nació con una malformación congénita y no tenía mano derecha, si no un muñón y desde pequeño usaba un gancho que con los años manipulaba con mucha eficiencia. Una vez me contó que cuando tenía 8 años, la mamá le dijo que fuera al baño a abrocharse solo sus zapatos y que no saliera hasta que lo lograra. Me dijo que había sentido una rabia inmensa, que había llorado mucho y que finalmente logró abrochárselos. De adulto lo valoraba y agradecía. Él decidió ser arquitecto y tiendo a pensar que si lo logró, fue porque su madre, con mucho amor le forjó carácter, permitiendo que viviera la adversidad que la vida le trajo, enfrentándola y ayudándole a desarrollar recursos emocionales para lidiar con ella. Ahora piense, si este hubiera sido su hijo, ¿hubiera sido capaz de hacer lo que hizo su madre? Porque su madre fue muy valiente, porque ¡a ella tiene que haberle dolido el doble!

               
Algo está pasando y no es menor. Entre niños monarcas, niños tiranos o como le están llamando hoy; niños con síndrome del emperador y por tanto padres con síndrome de vasallos, cada día hay más padres que entienden el amor como falta de límites, gratificación inmediata y constante, como la evitación total de malestar o incomodidad y hasta la necesidad de que el niño por ningún motivo vaya a saborear lo que es una obligación….¡Horror! me da miedo imaginar la sociedad que llegaremos a ser, si este fenómeno no comienza a revertirse.


                Y a usted, ¿cómo le va a cuando le dice que no a su hijo(a)?

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