Estás son las premisas
fundamentales de esta columna: Primero, como papá o mamá hay que “hacer la tarea” y esto es: educar, formar
y criar. Segundo, es inadmisible la justificación histórica de “nadie nos
enseña a ser padres” pues está
bombardeado de instancias para aprender y desarrollar mejores habilidades
parentales y si no lo hace es porque sencillamente no ha querido. Tercero,
los padres no estamos para hacer felices a nuestros hijos, entiéndase
que ese no es el fin último de nuestra labor, sino la de ayudarles a desarrollar herramientas que les permitan ser felices en su
vida adulta y cuarto, ser padre o madre, en ningún sentido es “ser el mejor
amigo(a) de tu hijo(a)”, porque esa es la perfecta manera de no hacer la tarea.
La tarea de criar, implica entre otros, enseñar conductas, formar buenos hábitos, el respeto
a la autoridad y desarrollar un sentido del deber acompañado de una moral
(diferenciar el bien del mal). Sabemos que muchas veces cumplir con el deber es
algo que resulta muy aversivo para los niños, porque implica frustración al
tener que postergar o suprimir aquello que resulta gratificante y es natural
que tiendan a evitarlo. La pregunta es ¿Existe alguna condición psicológica que
excuse a un niño de cumplir con su deber?... Lamento frustrarlo yo a ud, porque
soy buena haciendo preguntas, pero no tengo todas las respuestas. Vamos a
integrar algunas ideas y reflexiones para que, idealmente eso lo lleve a usted
a sacar sus propias conclusiones.
La
neuropsiquiatra infantil de renombre nacional Amanda Céspedes, autora del libro
“Educar las emociones, educar para la vida”, entre otros, plantea que el carácter es la dimensión de la personalidad que debe
ser modelada y se construye en base al ambiente, es “un conjunto de destrezas que otorgan solidez,
consistencia y objetividad a la conducta humana y provoca en los demás una
suerte de confianza y fe”, el carácter es aquello que le permite a una persona
lograr lo que se proponga, cumplir con el deber y sobreponerse a las
dificultades, enfrentar los desafíos de la vida, todas cualidades que queremos
desarrollar en nuestros hijos. El carácter, dice Céspedes, incluye: voluntad, perseverancia, sacrificio,
responsabilidad, coraje, honestidad y compromiso. A lo que a nosotros
podemos añadir, que la base para estas cualidades y actitudes es la tríada
emocional que destaca la psicóloga clínica terapeuta familiar Lorena Camus: control de impulsos, tolerancia a la frustración y la capacidad
para postergar lo placentero, que viene a mostrarnos el temperamento (base
biológica de la personalidad). Podemos convenir entonces que como padres
deberíamos trabajar para que nuestros hijos desarrollen carácter.
Tuve un amigo que nació con una malformación congénita
y no tenía mano derecha, si no un muñón y desde pequeño usaba un gancho que con
los años manipulaba con mucha eficiencia. Una vez me contó que cuando tenía 8
años, la mamá le dijo que fuera al baño a abrocharse solo sus zapatos y que no
saliera hasta que lo lograra. Me dijo que había sentido una rabia inmensa, que
había llorado mucho y que finalmente logró abrochárselos. De adulto lo valoraba
y agradecía. Él decidió ser arquitecto y tiendo a pensar que si lo logró, fue
porque su madre, con mucho amor le forjó carácter, permitiendo que viviera la
adversidad que la vida le trajo, enfrentándola y ayudándole a desarrollar
recursos emocionales para lidiar con ella. Ahora piense, si este hubiera sido
su hijo, ¿hubiera sido capaz de hacer lo que hizo su madre? Porque su madre fue
muy valiente, porque ¡a ella tiene que haberle dolido el doble!
Y a usted, ¿cómo le va a cuando le dice que no a su
hijo(a)?


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