jueves, 27 de agosto de 2015

Columna: El verdadero legado para nuestros hijos

El psicólogo español Joan Garriga, que trabaja desde las Constelaciones Familiares, reitera la importancia de honrar a los padres y explica que esto es en el fondo honrar la vida, pues eso es lo que los padres nos han dado. Si un hijo hace algo bueno con su vida, si la vive con sentido, entonces ese hijo está honrando a sus padres y esto es sano, independiente de si los padres fueron “buenos o malos”, no se trata de eso, ni de si lo merecen. Los adultos que logran integrar a los padres, elaborar los conflictos de la infancia, la historia de familia, que tienen las cuentas bastante saldadas, son más sanos y tienen más posibilidades de ser felices. Desde esta perspectiva se puede honrar a los padres mientras ellos aún están vivos y se puede continuar haciéndolo después de su muerte.

A la fecha, nunca había escrito una columna con algo expresamente personal y familiar, pero esta vez me daré esa concesión y van a entender el por qué. En algunos casos, la vida que nos trae de dulce y agraz, se lleva a uno o ambos padres estando en etapas en que no se supone que eso ocurra, en mi caso por ejemplo, mi padre murió cuando yo tenía tan solo un año, pero mi madre, tuvo la suerte de tener a su madre sana por más de 60 años. Recientemente, unas sobrinas,  tres hermosas adultos jóvenes, por las que siento un profundo amor, perdieron a la mujer que sin duda más han amado, respetado y admirado: su madre, que era mi prima hermana.

Parece ser que un denominador común de quienes padecen Cáncer es que se transforman en verdaderos guerreros, pues no conozco persona que no haya enfrentado esta enfermedad con resiliencia, carácter, perseverancia, coraje, garra y voluntad y creo que cuando se destaca eso en una persona que ha fallecido por esa perversa enfermedad, se le resta protagonismo a todos los demás y no me parece justo. Mis palabras están dedicadas a mi prima y a la lección de vida que ella me deja a través de las palabras de sus hijas en su funeral. Mi deber con ustedes es siempre brindar una mirada diferente, solo desde ahí, nuestra reflexión resultará un verdadero aporte.

Si conectamos todo lo tratado hasta aquí: el legado a los hijos, honrar a los padres, muerte de uno o ambos padres y una enfermedad como el cáncer, llegaremos juntos a donde me he propuesto llevarlos.

Cuando muchas personas escuchamos un discurso, es posible anticipar que las frases que más marcaron a unos, son diferentes de las que se grabaron en otros. Cuando estudiaba psicología, una profesora dijo algo que se ha quedado conmigo para siempre – El problema de cuando se muere alguien, es que la gente se detiene en todo lo que pierde porque esa persona ya no está, en lo que va a echar de menos y  por tanto en todo lo que el otro se lleva con su partida y una de las maneras de elaborar el dolor, es pensar en todo lo que esa persona nos dejó.

Si usted se muriera hoy, ¿Qué sería lo que más extrañarían sus hijos? Yo me sorprendí cuando respondí esta pregunta y mientras escribo sonrío, sé que mi hijo extrañaría el menú del sábado: tallarines con crema y atún y frases típicas mías como “Estoy atrasada, me peino en el auto” que siempre le han causado mucha risa. Mis sobrinas, en el discurso que dieron momentos antes de enterrar a su madre, hablaron de cómo fue su mamá, que siempre respetó sus individualidades, que nunca impuso su forma de ver la vida, que las acompañó siempre en las decisiones que tomaban, que les enseñó el valor de cultivar la amistad y lejos lo que más me emocionó, fue cuando con voz quebrada, entre sonrisas y sollozos dijeron que lo que más iban a extrañar era ir a meterse a su cama en pijama en la mañana y conversar de la vida. Ahora entiendo prima, no sólo que ese es el legado que les dejaste a “las niñitas” si no que es la lección que nos conviene aprender, porque finalmente el vínculo amoroso con nuestros hijos va a trascender nuestra muerte y la belleza de la vida está efectivamente en algo tan simple como esa escena familiar que es completamente gratis, que queda como tatuaje en el alma de tus hijas y las acompañará por siempre.

Estoy segura que mis tíos se sienten profundamente honrados con la vida que tuvo su hija.


Con amor, a mi prima Andrea Aguayo Herrera (Q.E.P.D), sus hijas, padres y hermanos.



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