Imagine un curso para estudiantes de medicina que se llame: “Aprendiendo a regular su ego”, no por nada, cuando trabajé en un Hospital, les llamaban “Dios-tores” (y creo que este sobrenombre les da más risa que vergüenza, lo que lo hace más preocupante). Considero que sería muy conveniente para la sociedad y sin duda lo ideal sería que a este curso asistiéramos todos, porque como bien dice mi amiga y colega Caroli, el ego existe en todas las profesiones y no siempre está ligada al éxito. Hay varios que tienen un ego tan grande que uno no cabe en la habitación y resulta que sus competencias dejan mucho que desear.
Mi amada abuela Marta decía: “El único amor eterno, es el amor propio”. Esto me ha dado vuelta en la cabeza, porque después de haberlo escuchado desde niña, hoy me pregunto si se refería al ego o a la autoestima, lamentablemente ya no está en este mundo (pero dijo que estaría es todas las hojas de los árboles) así que tendremos que dilucidar esto ud y yo.
Seguramente la información que maneja es que la autoestima es el amor que se siente por uno mismo, sin embargo el autor norteamericano Nathaniel Branden (1998) propone que la autoestima es en realidad la capacidad de experimentarnos como competentes para la vida y sentirnos verdaderamente merecedores de felicidad. Esta información ayuda un poco en la tarea de distinguir autoestima de ego, si es que existe tal distinción.
Ahora debiéramos traer una definición de ego. Francamente yo no manejaba una antes de indagar para esta columna, tenía nociones vagas y curiosamente lo que encontré fue justamente eso. El autor Roland Rech (de la Asociación Zen Intenacional) señala que el ego no es “asible” por lo tanto es como el humo. Podemos concluir que el ego nubla el pensamiento y la acción, seguramente por eso se dice que cuando el ego es grande se le causa mucho daño a los que están alrededor, pero sin conciencia de ello. Asimismo, popularmente el “ego” se entiende como el “yo-ísmo” vale decir, aquellas personas que cantan la canción yo, yo, yo, yo… también conocidos como ego-céntricos.
Ahora integremos. Yo postulo que el ego nace de una autoestima sólida y que por tanto no son dos cosas separadas, sino que son las dos partes de un continuo, como la graduación del negro al blanco. Algunas personas están en un extremo, ya que los fracasos de la vida, las pocas oportunidades, malas decisiones y las malas circunstancias no le hacen confiar en sus competencias y consideran que no merecen ser felices o que merecen la infelicidad que viven, en el otro extremo están los que se consideran superiores a otros, más bellos, más inteligentes, o más buenos en aquello que hacen, anteponiéndose siempre a los otros. Una vez más los extremos no son convenientes y la clave estaría en el tan anhelado equilibrio, vale decir: merezco ser feliz y confío en mis competencias, pero ¡el del lado también!
Ahora bien, si una persona es muy buena en lo que hace, se sentirá competente (tendrá autoestima sólida) y eso se proyecta en seguridad. La seguridad resulta muy seductora para los otros, es como un imán social, por tanto puede tener un efecto de “polvos royal” que infla la autoestima como un globo y se convierte en ego. ¿Cómo regularlo? Mi sugerencia es nunca dejar de reconocer en el otro la competencias del otro y asegurarse de tener modelos – ídolos que siempre te hagan recordar que se puede ser mejor y te obliguen a mirar hacia arriba. Propongo además que el ego debe mantenerse reducido, pero que es necesario. Creo que no podría haber autoestima sin ego.
El aprendizaje es un cambio y nuestros hijos aprenden aquello que les enseñamos y también lo que no les enseñamos concientemente. Todos los padres queremos que nuestros hijos posean una autoestima sólida, porque entre otras cosas contribuye a la felicidad y es un factor protector para la salud mental. El Ego comprendido aquí, es un estorbo; en las relaciones interpersonales, laborales y en la intimidad de la pareja. Hoy, además de evaluar su autoestima y su ego, le pido que mire cómo va la autoestima y el ego de su hij@, porque seguramente esa fue la pregunta que nunca se hizo la madre de Hitler (entre otras cosas)
Estando en una comida, una mujer comentó que su hija de 10 años había tratado de “vigotuda” a una compañera y estaba muy molesta porque la habían llamado del colegio, ya que le parecía insignificante. El padre luego acotó- “yo la vi y en realidad es bien vigotuda”. Yo le pregunto a ud, el comentario de esa pequeña, ¿proviene de su autoestima o de su ego? La empatía se desarrollará en presencia de autoestima, más se ausentará por completo en presencia del ego. Tenemos importantes tareas que hacer ahora que no hay colegio ni pruebas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario