Si el alumno tiene buen rendimiento, la conclusión del colegio es que sus profesores son muy buenos, por el contrario, si el alumno tiene bajo rendimiento, el colegio concluye que el alumno es flojo o tiene algún tipo de dificultad de aprendizaje, curioso, por decir lo menos.
Si bien es cierto que hoy los profesores experimentan un aula muchísimo más compleja y desafiante que hace 20 años atrás, también es cierto que existe una gran cantidad de conocimiento disponible con que se puede enfrentar ese desafío. La respuesta natural de la cultura escolar del tipo “el niño es flojo” o “ sus padres no le ayudan en casa” hoy no son suficientes para explicar un bajo rendimiento, hoy se hace urgente revisar las prácticas pedagógicas en el aula, las formas en que se evalúan los aprendizajes y traer a colación lo más obvio del escenario escolar: ¡los niños van al colegio aprender!
Este desafío lo componen principalmente la heterogeneidad de los grupos, ya que cuentan con alumnos con: trastornos del aprendizaje, trastornos afectivos, inteligencias normal – lento y con déficit atencional, entre otros. El trastorno de déficit atencional (TDA)l tiene una prevalencia aproximadamente del 10% en la población infantil de nuestro país, se estima que 1 de cada 100 niños lo presenta, casi el doble comparado con países más desarrollados, y esa alta prevalencia quizás sea una de las razones por la que se trata en salud pública a nivel primario. Si bien el perfil del niño/a con TDA incluye conductas disruptivas y esto se complejiza si el caso viene acompañado de hiperactividad, se hace necesario destacar que estos niños, por criterio diagnóstico, poseen una capacidad intelectual normal o superior, sin embargo parecen ser uno los más perjudicados a la hora de lograr aprendizajes en la sala de clases.
Algunos establecimientos educacionales, trabajan con un aprendizaje de aula esperado explícito, vale decir, ellos esperan que sus alumnos aprendan en la sala de clases, por ejemplo, un 70% del contenido trabajado. Recordemos que la norma (completamente subjetiva) es que el nivel de aprobación (el “cuatro”) sea al 60%. Lamentablemente otros establecimientos parecen no detenerse nunca a cuestionar esto, ¿cuánto deberían estar aprendiendo nuestros alumnos en la sala de clases con el profesor y cuánto estamos esperando que aprendan en casa? (sólo, con sus padres o profesores particulares). Los que tienen fijada la expectativas están adelantados en un paso, en comparación con aquellos que viven en la heteroculpabilidad (la culpa de los otros, es del alumnos, es de los padres, de la etapa del desarrollo, de los compañeros, etc) pero queda una tarea más difícil por cumplir; ¿de qué manera los establecimientos educacionales confirman que sus alumnos efectivamente aprenden porque asisten a clases? Hay prácticas que indican algo diferente, las energías y el foco está puesto en el filtro no en cómo lograr más y mejores aprendizajes de aula en niños heterogéneos. Cuando un colegio determina alto estándares para ingresar (que traiga promedio 6,0 y que rinda sobre 5,5) y altos estándares para permanecer (debe tener promedio 5,5 para tener matrícula el año siguiente), hasta qué punto el buen rendimiento es el resultado de asistir a ese establecimiento y hasta qué punto el resultado habla en realidad de las características de los alumnos y sus familias. Otra cosa sería si el establecimiento se comprometiera a que el alumno, por estar ahí, logrará un promedio 5,5, pero yo no conozco colegio que se comprometa a eso.
Enseñar es un arte, sin duda. Es una noble y bellísima labor, que debe ser enaltecida con las políticas internas de los establecimientos educacionales, mirando siempre el corazón de la educación, que es el logro del aprendizaje por parte del alumno/a. Profesor es aquel que despliega generosamente sus recursos y creatividad para lograr el aprendizaje en sus alumnos, es el que no renuncia donde ve que existe una posibilidad.
Si mi hijo no se quiere lavar los dientes, si mi hijo no quiere levantarse para ir colegio, si mi hijo no se lee el libro de lectura complementaria en casa, yo no responsabilizo al colegio, porque entiendo que es mi jurisdicción y debo resolverlo con los recursos que tengo dentro de la familia. Si mi hijo aprende en clases (y lo hace) yo, valoro y agradezco la labor que sus profesores. Y los tuyos, ¿aprenden en clases?

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