sábado, 21 de enero de 2012

Columna Octubre 2011: "Seducid@ por un@ alumno@"



          Todos hablan de los estudiantes y en esta columna también, pero lo haremos sobre algo diferente. Este es un tema que suele abordarse de manera casi exclusiva en la informalidad, siempre como rumor y que carece de propósito. Aquí, lo observaremos concienzudamente, con una mirada crítica y con un propósito claro: generar reflexión. Lo haré con el cuidado con el que se le sacarían las pepas a una tuna.

                Durante mucho tiempo se nos ha planteado que es muy importante educar sobre sexualidad, sin embargo, no se ha hecho explícita la forma en la que se presenta la sexualidad en el ámbito de la educación o en los contextos en que ocurre algún proceso de enseñanza - aprendizaje. Siento el deber de aclarar a qué me refiero cuando hablo de la sexualidad. Los seres humanos tenemos un sexo desde que nacemos, por ende somos seres sexuados, ya que es imposible que yo deje de ser mujer, aunque sea un segundo, mientras redacto esto. Si somos seres sexuados (por biología), la sexualidad es la manifestación natural de dicha condición y se expresa en todo y cada cosa que hacemos, incluso enseñar, por lo que le sonará de perogrullo si le digo que yo enseño como mujer. Ahora, lo importante es hacer la distinción entre sexualidad y erotismo. Sin duda que lo erótico hace alusión a la experiencia de placer que tiene directa relación con la estimulación sexual, que implica, entre otros, la corporalidad.

                Habiendo puesto el mantel, pongamos ahora las cartas. Un alumno@ ¿puede sentirse atraído hacia su profesor? Sí, eso puede ocurrir. ¿Puede actuar esa atracción? Sin duda y la historia indica ¡que lo hacen! Me bastó plantear el tema, para que diversas personas con las que comparto en la vida cotidiana, entregaran no sólo su opinión, sino que además, el conocimiento de alguna situación de la que fueron testigos (es curioso esto, todo fueron testigos, pero nadie lo vivió). En definitivas cuentas es una realidad de la que no se habla, pero que todos conocemos bien. No me entienda mal, yo no estoy hablando de aquel “amor platónico” que todos alguna vez hemos sentido por un profesor en el colegio o en la universidad, porque ese sentimiento es completamente romántico.

                Un profesor “X”, de la universidad “Y” lleva a sus alumnas  en su auto, las invita a estudiar en su casa, chatean en facebook, les entrega resúmenes que no son para todos, saca provecho de su fisonomía deportiva, presenta comportamientos muy seductores, que sin duda, cumplen su función; seducen y a más de una alumna. Mantiene  relación amorosa clandestina con alumna directa, tanto así, que él mismo se encargó de regular la posible exposición de su situación y sin asco les dijo a sus alumnos: “Si esto se sabe… bueno, ustedes saben lo que va a pasar” (léase, me encargo de que reprueben). Historias de profesores jóvenes, que están en práctica profesional en colegio y se vinculan sexualmente con alumnas de 3º o 4º medio (y al parecer los profesores de educación física tienden a estar más expuestos, según mi estadística popular) Alumnas que “abusan” de sus cualidades físicas e intencionadamente buscan provocar sexualmente a sus profesores, donde la coquetería es la estrategia de persuasión o de frentón la oferta literal de un momento de placer a cambio de la aprobación. Mujeres (solteras y casadas) que esperan en el estacionamiento, a su  también casado profesor del gimnasio. Profesor de gimnasio que queda con ojo en tinta, porque marido celoso se enteró del romance clandestino o profesor de gimnasio que entabla relación amorosa paralela con dos mujeres del mismo gimnasio. Estas son algunos de los hechos que me fueron relatados. Ahora respire profundo y detenga inmediatamente los juicios de valor que brotan espontáneamente sobre los actores de estas historias. Yo lo invito a mirar, para luego tratar de contestar: ¿Qué pasó aquí?, ¿Quién es él o los responsables? Y las más difícil, ¿cómo actuaría (o actuó) ud? Estamos hablando de estímulos sexuales intensos y persistentes. Recuerde que tenemos un sistema nervioso que de manera natural responde a los estímulos, por lo que la respuesta no puede partir del: “a mí nunca me va a pasar”, porque sí le puede pasar, entonces el punto clave es, cuando esto le está sucediendo ¿cómo se va a regular? ¿Con cuánto decoro podrá manejar la situación? ¿Cuáles son sus recursos?

                Es importante aceptar esta realidad para enfrentarla. Es una verdadera prueba al carácter, pues eso es lo que se necesita para resistir posibles tentaciones: voluntad y por supuesto, un ingrediente que no todos tienen en su despensa; desarrollo moral. Si ud trabaja en una organización donde esto ocurre, probablemente lo conveniente sea que busque a una persona sensata y afectuosa, que lo pueda escuchar, contener, entender y ayudar a ponderar la situación con claridad, para así lograr la meta en este tipo de experiencias de vida, que es autorregularse.

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