sábado, 21 de enero de 2012

Columna Mayo 2011: "El amor de padre"

Los padres han sido subestimados y muy desprestigiados a lo largo de nuestra historia, probablemente tiene que ver con los orígenes de nuestra sociedad, el padre ausente proviene de la época colonial, cuando los españoles violaban a las indígenas y nunca conocían a los hijos que tenían con éstas. En el siglo XX, el modelo apuntaba a un padre como figura de autoridad intocable, incuestionable, con inexpresividad de afectos y que cumplía una función de proveedor en la familia, afortunadamente estos ha ido evolucionando junto con los cambios generados en los roles de género.

¿La forma de amar que tenemos las madres es realmente tan diferente de la que tienen los padres? ¿La diferencia la hace el haberlos tenido adentro? ¿Es esta una diferencia biológica? O es más bien ¿consecuencia de una construcción social? Está claro que el amor materno no es la manifestación de un instinto (la ciencia dice que los humanos sólo tenemos reflejos) y se entiende bien, de lo contrario no habrían parricidios y abandonos por una parte, ni adopciones, por otra. Entonces queda claro que el amor es una decisión y por tanto amar a los hijos también lo es, el punto es cómo se ama y qué comportamientos manifiestan ese amor.

Dirija está vez su mirada a los padres separados. Hoy día, persiste una especie de padre que ha existido siempre; el ya mencionado padre ausente. Ese que planta a su hijo el fin de semana, que no paga el colegio, que no lo llama por teléfono ni se involucra en su vida, ese que no sabe cómo se llaman sus amigos, que se va de vacaciones con la pareja actual y nunca invita a sus hijos,  ese que lo ve dos veces al mes y ni si quiera lo lleva a pasear, y que por lo general ofrece y promete, pero no cumple. Ese padre que siempre contribuye muy poco económicamente a la mantención integral de su hijo y que a veces le tienen que retener la devolución de impuesto, ese que es bien pobre de recurso (intelectual o emocional) y maneja las situaciones con sus hijos tan mal, tan mal, que parece que lo hubieran contratado para hacerlo así, padre que a pesar de todo esto es amado por su hijo/a. ¿Los ubica? Bien, ese padre, es necesario y es importante, porque cualquier papá es mejor que ninguno. Ahora, sin duda que sería mucho mejor para esos niños que su padre creciera interiormente un poco más y se superara en sus habilidades parentales, porque el mayor problema que tiene  es que ¡no ve lo mal que lo hace! Y el daño que causa en sus hijos.

Al otro lado del río, están los papás por los que uno se saca el sombrero, esos que a uno le hubieran gustado para sí (para los afortunados, ese que se parece al que a ti te tocó) Ese papá, es el que, vez que puede va a ver a  sus hijos y que siempre da más de lo acordado. Esos papás que se desviven por sus niños, que son los que nunca se compran ropa, porque siempre lo que tienen es para que sus hijos tengan una mejor calidad de vida, esos papás que prefieren estar con sus hijos antes que con otras personas, que hacen sacrificios para estar con ellos, como viajar varias horas o levantarse más temprano para ir a dejarlos al colegio y compartir ese ratito con ellos, son de esos que van a las reuniones de apoderados y ¡participan! Esos papás que incluso, en algunos casos, se mueren de ganas porque sus hijos vivan con ellos y que pueden ser  hasta más competentes que las madres en tareas de crianza. Esos padres que son dichosos siendo el mejor papá que pueden ser, porque están reparando su propia historia, porque están siendo el papá que siempre necesitaron y quisieron, pero que no tuvieron.

Todos los papás son importantes, todos los papás traen enormes beneficios en el desarrollo integral de los niños y sin duda que todos los niños necesitan un papá, la diferencia está en que algunos son buenos y otros, sencillamente no.

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