
Recibí mail de fiel lector, un tanto molesto me pregunta cuándo la columna estará dedicada a los príncipes, que cuando contaré una historia con final feliz. Pues bien, en consideración a tan válida y respetable necesidad, esta vez compartiré con ustedes algo que me está ocurriendo en estos precisos momentos y sin inducirlos, dejaré que cada uno saque sus propias conclusiones, no me sorprendería que les haya tocado estar en mi lugar, o que en el futuro les pueda pasar algo así.
Hace un par de meses, en la calle, me encontré con un compañero de colegio que no veía hace 14 años, luego de un cariñoso abrazo y coqueto saludo, tomamos contacto por Facebook y Messenger, a poco andar me di cuenta de dos cosas: uno, éramos seres diametralmente opuestos y dos, evidentemente estaba frente a un sapo, con sutileza, le puse el palito y lo pisó altiro, por lo que hice lo obvio: arranqué, sin embargo él me buscó y no aceptó lo argumentos entregados, cosa que me sorprendió. Dada su capacidad de persuasión (otro rasgo muy sapístico) fuimos progresivamente construyendo cercanía y por lo tanto confianza, a través de nuestras, religiosamente diarias, conversaciones nocturnas por Messenger. El cariño llegó inevitablemente. Como consecuencia de su insistencia, tuvimos una “no cita” y fuimos al cine. ¡Fue la mejor no cita de mi vida! Me coqueteó descaradamente, nos reímos mucho y puedo decir que me miró más a mí que a la película. Parecía increíble que no hubiéramos compartido tiempo juntos en 14 años.
Me he encontrado con un sapo que sabe que es tal y no se ha puesto disfraz de príncipe. Al ser tan honesto, transparente y leal con sus principios de sapo, a mis ojos progresivamente se ha “des-sapitizado”. Él no pretende ni busca que yo lo vea como un príncipe y afortunadamente nunca lo vi como uno, probablemente la magia está en que yo mostré mis aspectos de bruja desde el comienzo, sin exagerar ni minimizar, porque no buscaba conquistarlo, entonces se fue gestando una relación muy particular. Él no quiere bruja ni princesa, ya que la princesa que amó, era demasiado buena para permanecer en este mundo y tuvo una prematura partida. La bruja que vino después, le ha dejado cicatrices y lo atormenta a la distancia. En definitivas cuentas puedo decir que este es el sapo más lindo con el que me he encontrado, porque no daña. Cuando me confiesa qué quiere conmigo y qué no, me da todo el espacio y libertad del mundo para poder protegerme, porque tal como leí en una revista una vez. “Nadie puede dañarnos sin nuestro consentimiento”. Curiosamente y superando las expectativas, la amistad y compañía de este sapo ha endulzado mi vida y me gusta pensar que esta “prinbuja” que soy, le ha hecho bien también.
Y entonces pienso, ¿y si el sapo asumido ES el príncipe? Y por tanto es nuestro “As good as it gets” de la real life. Será que cuando reconozco, asumo, integro y muestro mis aspectos de bruja ¿me voy transformando yo también en la princesa real y no la de Walt Disney? Demás está decir que lo que este hombre me enseña es que el sapo de unas es el príncipe de otra… ¡pucha que he mandado príncipes a la sociedad!
CATA....
ResponderEliminarME VOLVÍ UNA DE TUS SEGUIDORAS..COMO SIEMPRE TAN ELOCUENTE Y CLARA EN TUS PENSAMIENTOS . AH¡ Y CON ESA PISCA DE PICARDÍA .. QUE TE CARACTERIZA..( SEGÚN RECUERDO) JAJAJ
SEGUIRÉ LEYENDO...
SAN-YUN ANCH