miércoles, 16 de julio de 2014

Columna Mayo 2014 Life Magazine: ¿Volver o no volver?



             Este es un tema polémico, porque todos tienen una opinión. Abordemos el tema con altura de miras y analicemos bien, siempre tratando de no emitir juicios, tarea que no es fácil. Partamos de la base que no es lo mismo hacerse esta pregunta en un pololeo puertas afuera,  en uno con convivencia o en un matrimonio sin hijos, que en un matrimonio con hijos.

               
Estaba con dos profesoras reunidas, discutíamos el proceso de un alumno pequeño de 2° básico que está con depresión. Una de ella añade que los padres se han separado por segunda vez, entonces la otra profesora da su opinión y menciona lo importante que es pensarlo bien antes de volver, especialmente si tienen hijos, pues se les expone a un daño aún mayor. Cuando preguntaron mi opinión, yo me quedé pensando y les dije que era muy probable que esos padres, cuando decidieron volver, lo hicieron con intenciones genuinas de esforzarse para que resultara y que seguramente para ellos también había sido muy dolorosa la reiteración del fracaso, además de la culpa, pues  está la consciencia de daño a los hijos. También el mensaje que queda a posterior para esos niños al crecer y es que sus padres al menos lo intentaron y por tanto les queda ese modelo, el de luchar por restituir la familia, que es una lección que muchos de adulto valoran y agradecen.

                Un queridísimo amigo mío vivió algo excepcional y muy inesperado en este ámbito, cuando nos tocó trabajar juntos, él vivía en la misma casa con su mujer, pero llevaban ya varios años durmiendo en piezas separadas, pues habían aceptado que su relación de pareja estaba muerta. Habían hecho el acuerdo de que no se iban a separar hasta que su hija cumpliera 18 años y en ese momento tenía 14. Recuerdo que en esa oportunidad yo planteé también el modelo de pareja que le estaban dando a su hija, la de tener unos padres que jamás se expresan afecto, que nunca se tocan. Llegaron los 18 de la su hija y salió del hogar a estudiar en la Universidad, ellos vivieron un nido vacio y se reencontraron, comenzaron a acercarse y de las cenizas renació el amor de ambos.

                Miremos otra situación. Un conocido debe salir del departamento que compartía con su pareja como consecuencia de lo que parecía una ruptura irrevocable, ya habían terminado y vuelto antes unas tres o cuatro veces. Estaban de novios y ella le devolvió el anillo de compromiso. Aproximadamente seis meses después volvieron, tres meses después salía él otra vez del departamento, se fue a vivir con unos amigos unos meses y... volvieron. Ya nadie se sorprende, ni de que vuelvan, ni de que terminen.

                Como se evidencia en esta pequeña muestra, casa situación es diferente, única y particular, por eso antes de volver, es conveniente poner en el congelador la nostalgia que motiva el intenso reencuentro y hacerse algunas preguntas de suma importancia: ¿Cuál fue el problema?, ¿Qué hemos aprendido de lo vivido?, ¿Para qué vamos a volver?, ¿Qué hemos hecho, juntos o por separado para solucionar ese problema? y ¿Qué será diferente esta vez?, ¿Qué sacrificios estamos dispuestos a hacer cada uno esta vez, para que resulte?

                Tener una vida juntos, una historia, tener química, echarse de menos o sentir que aún existe amor, parecen no ser razones suficientes para volver, pues es muy probable que esos mismo ingredientes hayan estado presentes en las vueltas previas. 

                  Emerge entonces intensamente la necesidad de conversar y reflexionar juntos sobre el propósito de ser pareja, y evidenciar el significado del amar de cada uno, porque el lenguaje nos tiende una trampa muy grande! Dos personas se dicen te amo y porque dicen las mismas palabras, creen que están hablando de lo mismo, pero pocas veces es realmente así. El autor Rafael Echeverría, en su libro “Ontología del lenguaje” plantea una interesante interrogante “¿Sentirá exactamente lo mismo Romeo por Julieta, que Julieta por Romeo?”

                Creo que tomar la decisión de volver es siempre difícil, es como comprar un boleto de avión en la misma aerolínea en la que voló antes y el avión de cayó. Por una parte podemos pensar que luego de un accidente, las medidas de seguridad aumentan y entonces deberían existir menos riesgos, pero por otra parte podemos también sospechar que si el avión se cayó una vez, bien puede suceder de nuevo, por eso si va a volar, lleven paracaídas y uno bueno es ir a terapia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario