Este es un tema polémico, porque todos
tienen una opinión. Abordemos el tema con altura de miras y analicemos bien,
siempre tratando de no emitir juicios, tarea que no es fácil. Partamos de la
base que no es lo mismo hacerse esta pregunta en un pololeo puertas
afuera, en uno con convivencia o en un
matrimonio sin hijos, que en un matrimonio con hijos.
Un
queridísimo amigo mío vivió algo excepcional y muy inesperado en este ámbito,
cuando nos tocó trabajar juntos, él vivía en la misma casa con su mujer, pero
llevaban ya varios años durmiendo en piezas separadas, pues habían aceptado que
su relación de pareja estaba muerta. Habían hecho el acuerdo de que no se iban
a separar hasta que su hija cumpliera 18 años y en ese momento tenía 14.
Recuerdo que en esa oportunidad yo planteé también el modelo de pareja que le
estaban dando a su hija, la de tener unos padres que jamás se expresan afecto,
que nunca se tocan. Llegaron los 18 de la su hija y salió del hogar a estudiar
en la Universidad, ellos vivieron un nido vacio y se reencontraron, comenzaron
a acercarse y de las cenizas renació el amor de ambos.
Miremos
otra situación. Un conocido debe salir del departamento que compartía con su
pareja como consecuencia de lo que parecía una ruptura irrevocable, ya habían
terminado y vuelto antes unas tres o cuatro veces. Estaban de novios y ella le
devolvió el anillo de compromiso. Aproximadamente seis meses después volvieron,
tres meses después salía él otra vez del departamento, se fue a vivir con unos
amigos unos meses y... volvieron. Ya nadie se sorprende, ni de que vuelvan, ni de
que terminen.
Como
se evidencia en esta pequeña muestra, casa situación es diferente, única y
particular, por eso antes de volver, es conveniente poner en el congelador la
nostalgia que motiva el intenso reencuentro y hacerse algunas preguntas de suma
importancia: ¿Cuál fue el problema?, ¿Qué hemos aprendido de lo vivido?, ¿Para
qué vamos a volver?, ¿Qué hemos hecho, juntos o por separado para solucionar
ese problema? y ¿Qué será diferente esta vez?, ¿Qué sacrificios estamos
dispuestos a hacer cada uno esta vez, para que resulte?
Tener
una vida juntos, una historia, tener química, echarse de menos o sentir que aún
existe amor, parecen no ser razones suficientes para volver, pues es muy
probable que esos mismo ingredientes hayan estado presentes en las vueltas
previas.
Emerge entonces intensamente la necesidad de conversar y reflexionar
juntos sobre el propósito de ser pareja, y evidenciar el significado del amar
de cada uno, porque el lenguaje nos tiende una trampa muy grande! Dos personas
se dicen te amo y porque dicen las mismas palabras, creen que están hablando de
lo mismo, pero pocas veces es realmente así. El autor Rafael Echeverría, en su
libro “Ontología del lenguaje” plantea una interesante interrogante “¿Sentirá
exactamente lo mismo Romeo por Julieta, que Julieta por Romeo?”
Creo
que tomar la decisión de volver es siempre difícil, es como comprar un boleto
de avión en la misma aerolínea en la que voló antes y el avión de cayó. Por una
parte podemos pensar que luego de un accidente, las medidas de seguridad
aumentan y entonces deberían existir menos riesgos, pero por otra parte podemos
también sospechar que si el avión se cayó una vez, bien puede suceder de nuevo,
por eso si va a volar, lleven paracaídas y uno bueno es ir a terapia.



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