En una sala de gimnasio de clase guiada, se puede ver un grupo de personas, por lo general varias mujeres y uno que otro hombre, de diferentes edades, de variadas contexturas, concentrados y comprometidos con la acción que realizan, todos se están esforzando, algunos lo hacen bien y otros; no tanto. Lo que tenemos en común es que todos pagamos por estar ahí y todos vamos de manera voluntaria. Algunos de los motivos más conocidos por los que se asiste a un gimnasio, entre otros, son: disminuir el estrés, evitar la soledad, postergar la llegada a casa, querer bajar de peso, ampliar el círculo social, estatus y aceptarse un poco más para mejorar la propia valoración. Si bien todos son motivos válidos, practicar una actividad física de manera estable, tiene una premisa incuestionable a la base: convertirse en una mejor versión de sí mismo. La mayoría de la gente no va al gimnasio sólo para sentirse mejor, van para ser mejores, de una u otra forma.
Un fenómeno que probablemente existe desde siempre y llama profundamente mi atención es la adoración al profesor (por lo general de ellas a él) es im-pre-sio-nan-te. Lo miran, le sonríen, le brindan una atención constante, le celebran absolutamente todo, no exigen ni reciben nada a cambio y cuando la clase termina, ¡le aplauden! In-só-li-to. ¿Él?, bueno, me referiré a un perfil de profesor, hablaré de la norma, no de la excepción. Suele ser un hombre atractivo, atlético, seductor, encantador, con una capacidad intelectual levemente superior a su inteligencia emocional y que posee plena conciencia de lo que provoca en su “público” o grupo de fans. Por lo general este tipo de profesor tiene un ego, en ocasiones tan grande que ¡uno casi no cabe en la sala!
Esta adoración, si se fijan bien, es siempre hacia los profesores y no hacia las profesoras. ¿Por qué se llena la clase de él? Porque el 90% de las mujeres es “narciza complementaria”, esto es: necesita estar cerca de un hombre narciso. Pero, ¿por qué DEBERÍA llenarse la clase de un profesor? Porque es bueno enseñando y motivando a otros para que se superen. ¿Por qué no se llenan las clases de ellas? ¿Por qué no se da este fenómeno de adoración por parte de alumnos a profesoras? Simple, el narcisismo casi no existe en la mujer. Entonces una clase llena no es para nada un indicador de calidad.
Este tipo de profesor, en términos generales, se comporta de la siguiente manera,: entra a la sala y no saluda a la masa de alumnos (no existe un buenos días, buenas tardes) sólo saluda a sus cercanos, sonríe como si estuviera caminando en una “red carpet”, pone la música y comienza su clase, está acostumbrado a que todos los ojos estén fijados en él, que está muchas veces en una tarima, no da instrucciones para anticipar los movimientos, es como si disfrutara que la gente se equivocara, porque de esa forma se valida como el mejor, no corrige ni enseña nada, no acompaña ni brinda apoyo a los que están perdidos, ni dedica un segundo a quienes están ejecutando mal los movimientos y corren riesgo de una lesión. Es evidente que no le importa cómo se sienten aquellos que están conscientes que su desempeño es deficiente y quieren ser mejores, como la que se esfuerza los 5 minutos que dura un track para coordinar entre rodillazos y patadas y nunca lo logra. En contraste, están los que han desarrollado técnica, porque llevan tiempo, a veces más tiempo incluso que él, experiencia que por cierto es vivida como una amenaza para este tipo de profesor. Demás está decir que no da la bienvenida a quienes vienen por primera vez, interactúa sólo con quienes le son más cercanos y el resto parece no existir. Está convencido de que le pagan para ser lindo (y si no me equivoco a los que les pagan por eso es a los modelos) Pero, la culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho. Esta actitud, narciza y egocéntrica que se aleja completamente de los procesos de enseñanza – aprendizaje, está instalada y reforzada por las mismas personas que asisten a su clase, que inconscientemente lo perpetúan y asesinan la posibilidad de cambio, además está secundada por quienes supervisan la calidad de su trabajo.
Entonces, cuando aparece un alumno que tiene estándares un poco más elevados a los del promedio, en realidad que tiene un estándar normal de lo que bueno significa, ¡colapsan! No saben qué hacer, ni cómo manejarse, agreden y descalifican a quien les refleja con simpleza la mediocridad en la que funcionan y por supuesto, ese clientes pasan a ser “conflictivos”. Es buena estrategia ¿no? Culpar al otro, en vez de asumir, de hacerse cargo, responsabilizar al otro: “es que Ud. es muy exigente”, “es que aquí se hacen las cosas así”, “es que si no le gusta, no entre a esta clase”…¡horror! Cero autoevaluación, cero autocrítica, poca o ninguna capacidad de reflexión.
¿Cuál es la verdadera función de un profesor de sala en un gimnasio? Literalmente, ¿para qué le pagan? Yo pensaba que para guiar una clase y para enseñar, pero lamentablemente mi experiencia me indica que estoy equivocada, que estoy esperando demasiado. Entonces me pregunto, ¿por qué no mejor poner una pantalla gigante con el video de Les Mills y ahorrarse el sueldo del profesor? Les Mills da más instrucciones que este profesor mudo, es pintoso, encantador y tiene la mejor técnica de todo el mundo, porque es quien lo creó. Imagino que la respuesta es: por la interacción, ¡obvio! Eso es lo que hace la diferencia, las clases se hacen con un profesor en la sala por la interacción, tiene sentido, y éste se pierde si el profesor no cuenta con las habilidades sociales básicas para realizar dicha interacción y todo parece indicar que ¡no las tienen! Una de las habilidades sociales fundamentales en las relaciones con otros, es la empatía, que no es ponerse en el lugar del otro, porque eso es imposible; es la capacidad de anticipar y predecir el comportamiento del otro y utilizar esa información para su beneficio. Y si les faltan herramientas para relacionarse mejor, ¿en qué están que no trabajan en eso? Sería absurdo considerar que no se requieren de ciertas habilidades para hacer clases en un gimnasio, se necesitan…y con suma urgencia.
Ahora bien, está establecido que las percepciones están teñidas por las experiencias. Estoy segura que otra persona puede tener una vivencia muy diferente con este tipo de profesores, lo creo y lo entiendo, pero eso no excluye esta experiencia ni esta percepción, que por lo demás es compartidas por otros, pero lamentablemente esos otros, callan, porque es más fácil, más cómodo.
Lo realmente importante es que este tipo de profesores pueden salirse de este perfil, sin duda que ¡pueden ser mejores! Tienen las bases teóricas y probablemente la experiencia, para ser excepcionales si así se lo propusieran, lo que pasa es que padecen de la enfermedad de nuestros días: la indiferencia, y funcionan con lo que yo defino como la verdadera mediocridad; se creen buenos y se quedan con eso, probablemente porque están ciegos y sordos con su ego.
¿Quién debe decidir si un profesor es bueno? Los alumnos. Por supuesto que la opinión de los pares complementa, pero la valorización de quienes reciben el servicio ¡es crucial! Ahora ojo, deben saber bien qué mirar, qué evaluar, porque si continúan evaluando con los criterios hasta ahora empleados (qué tan musculoso o seductor es) jamás van a mejorar las cosas. Hay que exigir más, porque es un derecho y un deber. A cada uno de nosotros se nos exige en nuestro trabajo, hay ciertos parámetros, estándares que debemos lograr, cumplir, alcanzar, de lo contrario somos mal evaluados, tenemos riesgo de perder de nuestro trabajo y dejamos de sentirnos competentes para la vida. ¿Por qué debieran estar en una condición preferencial los profesores de sala de gimnasio? ¿Por qué subestimarlos sin también estuvieron 5 o 6 años en la Universidad? El trabajo de ellos es igual de complejo y valioso que cualquier otro y tiene el sello de todos los trabajos en los que se puede influir positivamente en la vida de otros, como médicos, profesores de colegio, psicólogos, asistentes sociales, etc. Debiéramos tener la posibilidad de evaluar, al menos cualitativamente, cada cierto tiempo una clase, de esa forma el profesor recibe un feedback real de la calidad con la que se percibe su trabajo. ¿Acaso no tienen ganas de ser mejores? ¿De hacer mejor?
Existe una diferencia abismante y significativa entre creerse un buen profesor y serlo:
§ El que se cree buen profesor es adorado, el que lo es; admirado y respetado.
§ El que se cree, está convencido de que no tiene nada que mejorar, el que lo es; está convencido de que debe trabajar cada día, porque siempre se puede ser y hacer mejor.
§ El que se cree, es soberbio y narciso, el que lo es; hermosamente humilde.
§ El que se cree, no acepta críticas, el que lo es; las escucha con una sonrisa, las agradece e incorpora.
§ El que se cree, no brinda, sólo recibe, el que lo es; suma en tu vida, es un aporte.
§ El que se cree niega sus errores; el que lo es; los acepta e incluso se puede reír de eso con sus mismos alumnos.
§ El que se cree, se siente amenazado con un buen alumno; el que lo es, lo disfruta y se siente estimulado para superarse.
§ El que se cree buen profesor, no te pide nada; el buen profesor ¡te exige! Y tú te esfuerzas con una sonrisa.
También existe una diferencia significativa entre creerse el mejor gimnasio y serlo. Un gimnasio es el mejor cuando genuinamente estimula, por diferentes medios, que los miembros de su equipo brinden cada día un servicio de calidad.
Un gimnasio debiera ser un lugar nutrido de posibilidades donde sus profesores estén constantemente colaborando y estimulando a sus alumnos–clientes para que se puedan convertir en mejores versiones de sí mismos, ya sea a un nivel de resistencia física, de técnica, coordinación, tono o masa muscular, etc. Donde además, esos profesores se convierten en mejores versiones de ellos mismos por acompañar, ayudar y estimular el cumplimiento del propósito de la vida de otros. Así debería ser.






