lunes, 23 de enero de 2012

Manifiesto: El gimnasio es un lugar para convertirse en una mejor versión de sí mismo

En una sala de gimnasio de clase guiada, se puede ver un grupo de personas, por lo general varias mujeres y uno que otro hombre, de diferentes edades, de variadas contexturas,  concentrados y comprometidos con la acción que realizan, todos se están esforzando, algunos lo hacen bien y otros; no tanto. Lo que tenemos en común es que todos pagamos por estar ahí y todos vamos de manera voluntaria. Algunos de los motivos más conocidos por los que se asiste a un gimnasio, entre otros, son: disminuir el estrés, evitar la soledad,  postergar la llegada a casa, querer bajar de peso, ampliar el círculo social, estatus y aceptarse un poco más para mejorar la propia valoración. Si bien todos son motivos válidos, practicar una actividad física de manera estable, tiene una premisa incuestionable a la base: convertirse en una mejor versión de sí mismo. La mayoría de la gente no va al gimnasio sólo para sentirse mejor, van para ser mejores, de una u otra forma.

Un fenómeno que probablemente existe desde siempre y llama profundamente mi atención es la adoración al profesor (por lo general  de ellas a él) es im-pre-sio-nan-te. Lo miran, le sonríen, le brindan una atención constante, le celebran absolutamente todo, no exigen ni reciben nada a cambio y cuando la clase termina, ¡le aplauden! In-só-li-to. ¿Él?, bueno, me referiré a un perfil de profesor, hablaré de la norma, no de la excepción. Suele ser un hombre atractivo, atlético, seductor, encantador, con una capacidad intelectual levemente superior a su inteligencia emocional y que posee plena conciencia de lo que provoca en su “público” o grupo de fans. Por lo general este tipo de profesor tiene un ego, en ocasiones tan grande que ¡uno casi no cabe en la sala!
Esta adoración, si se fijan bien, es siempre hacia los profesores y no hacia las profesoras. ¿Por qué se llena la clase de él? Porque el 90% de las mujeres es “narciza complementaria”, esto es: necesita estar cerca de un hombre narciso. Pero, ¿por qué DEBERÍA llenarse la clase de un profesor? Porque es bueno enseñando y motivando a otros para que se superen. ¿Por qué no se llenan las clases de ellas? ¿Por qué no se da este fenómeno de adoración por parte de alumnos a profesoras? Simple, el narcisismo casi no existe en la mujer. Entonces una clase llena no es para nada un indicador de calidad.

Este tipo de profesor,  en términos generales, se comporta de la siguiente manera,: entra a la sala y no saluda a la masa de alumnos (no existe un buenos días, buenas tardes) sólo saluda a sus cercanos, sonríe como si estuviera caminando en una “red carpet”, pone la música y comienza su clase, está acostumbrado a que  todos los ojos estén fijados en él, que está  muchas veces en una tarima, no da instrucciones para anticipar los movimientos, es como si disfrutara que la gente se equivocara, porque de esa forma se valida como el mejor, no corrige ni enseña nada, no acompaña ni brinda apoyo a los que están perdidos, ni dedica un segundo a quienes están ejecutando mal los movimientos y corren riesgo de una lesión. Es evidente que no le importa cómo se sienten aquellos que están conscientes que su desempeño es deficiente y quieren ser mejores, como la que se esfuerza los 5 minutos que dura un track para coordinar entre rodillazos y patadas y nunca lo logra. En contraste, están los que han desarrollado técnica, porque llevan tiempo, a veces más tiempo incluso que él, experiencia que por cierto es vivida como una amenaza para este tipo de profesor. Demás está decir que no da la bienvenida a quienes vienen por primera vez, interactúa sólo con quienes le son más cercanos y el resto parece no existir. Está convencido de que le pagan para ser lindo (y si no me equivoco a los que les pagan por eso es a los modelos) Pero, la culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho. Esta actitud, narciza y egocéntrica que se aleja completamente de los procesos de enseñanza – aprendizaje, está instalada y reforzada por las mismas personas que asisten a su clase, que inconscientemente lo perpetúan y asesinan la posibilidad de cambio, además está secundada por quienes supervisan la calidad de su trabajo.

Entonces, cuando aparece un alumno que tiene estándares un poco más elevados a los del promedio, en realidad que tiene un estándar normal de lo que bueno significa, ¡colapsan! No saben qué hacer, ni cómo manejarse, agreden y descalifican a quien les refleja con simpleza la mediocridad en la que funcionan y por supuesto, ese clientes pasan a ser “conflictivos”. Es buena estrategia ¿no? Culpar al otro, en vez de asumir, de hacerse cargo, responsabilizar al otro: “es que Ud. es muy exigente”, “es que aquí se hacen las cosas así”, “es que si no le gusta, no entre a esta clase”…¡horror! Cero autoevaluación, cero autocrítica, poca o ninguna capacidad de reflexión.

¿Cuál es la verdadera función de un profesor de sala en un gimnasio? Literalmente, ¿para qué le pagan? Yo pensaba que para guiar una clase y para enseñar, pero lamentablemente mi experiencia me indica que estoy equivocada, que estoy esperando demasiado. Entonces me pregunto,  ¿por qué no mejor poner una pantalla gigante con el video de Les Mills y ahorrarse el sueldo del profesor? Les Mills da más instrucciones que este profesor mudo, es pintoso, encantador y tiene la mejor técnica de todo el mundo, porque es quien lo creó. Imagino que la respuesta es: por la interacción, ¡obvio! Eso es lo que hace la diferencia, las clases se hacen con un profesor en la sala por la interacción, tiene sentido, y éste se pierde si el profesor no cuenta con las habilidades sociales básicas para realizar dicha interacción y todo parece indicar que ¡no las tienen! Una de las habilidades sociales fundamentales en las relaciones con otros, es la empatía, que no es ponerse en el lugar del otro, porque eso es imposible; es la capacidad de anticipar y predecir el comportamiento del otro y utilizar esa información para su beneficio. Y si les faltan herramientas para relacionarse mejor, ¿en qué están que no trabajan en eso? Sería absurdo considerar que no se requieren de ciertas habilidades para hacer clases en un gimnasio, se necesitan…y con suma urgencia.

Ahora bien, está establecido que las percepciones están teñidas por las experiencias. Estoy segura que otra persona puede tener una vivencia muy diferente con este tipo de profesores, lo creo y lo entiendo, pero eso no excluye esta experiencia ni esta percepción, que por lo demás es compartidas por otros, pero lamentablemente esos otros, callan, porque es más fácil, más cómodo.

Lo realmente importante es que este tipo de profesores pueden salirse de este perfil, sin duda que ¡pueden ser mejores! Tienen las bases teóricas y probablemente la experiencia, para ser excepcionales si así se lo propusieran, lo que pasa es que padecen de la enfermedad de nuestros días: la indiferencia, y funcionan con lo que yo defino como la verdadera mediocridad; se creen buenos y se quedan con eso, probablemente porque están ciegos y sordos con su ego.

¿Quién debe decidir si un profesor es bueno? Los alumnos. Por supuesto que la opinión de los pares complementa, pero la valorización de quienes reciben el servicio ¡es crucial! Ahora ojo, deben saber bien qué mirar, qué evaluar, porque si continúan evaluando con los criterios hasta ahora empleados (qué tan musculoso o seductor es) jamás van a mejorar las cosas. Hay que exigir más, porque es un derecho y un deber. A cada uno de nosotros se nos exige en nuestro trabajo, hay ciertos parámetros,  estándares que debemos lograr, cumplir, alcanzar, de lo contrario somos mal evaluados, tenemos riesgo de perder de nuestro trabajo y dejamos de sentirnos competentes para la vida. ¿Por qué debieran estar en una condición preferencial los profesores de sala de gimnasio?  ¿Por qué subestimarlos sin también estuvieron 5 o 6 años en la Universidad? El trabajo de ellos es igual de complejo y valioso que cualquier otro y tiene el sello de todos los trabajos en los que se puede influir positivamente en la vida de otros, como médicos, profesores de colegio, psicólogos, asistentes sociales, etc. Debiéramos tener la posibilidad de evaluar, al menos cualitativamente, cada cierto tiempo una clase, de esa forma el profesor recibe un feedback real de la calidad con la que se percibe su trabajo. ¿Acaso no tienen ganas de ser mejores? ¿De hacer mejor?

Existe una diferencia abismante y significativa entre creerse un buen profesor y serlo:
§        El que se cree buen profesor es adorado, el que lo es; admirado y respetado.
§   El que se cree, está convencido de que no tiene nada que mejorar, el que lo es; está convencido de que debe trabajar cada día, porque siempre se puede ser y hacer mejor.
§        El que se cree, es soberbio y narciso, el que lo es; hermosamente humilde.
§        El que se cree, no acepta críticas, el que lo es; las escucha con una sonrisa, las agradece e incorpora.
§        El que se cree, no brinda, sólo recibe, el que lo es; suma en tu vida, es un aporte.
§        El que se cree niega sus errores; el que lo es; los acepta e incluso se puede reír de eso con sus mismos alumnos.
§       El que se cree, se siente amenazado con un buen alumno; el que lo es, lo disfruta y se siente estimulado para superarse.
§       El que se cree buen profesor, no te pide nada; el buen profesor ¡te exige! Y tú te esfuerzas con una sonrisa.

También existe una diferencia significativa entre creerse el mejor gimnasio y serlo. Un gimnasio es el mejor cuando genuinamente estimula, por diferentes medios, que los miembros de su equipo brinden cada día un servicio de calidad.

Un gimnasio debiera ser un lugar nutrido de posibilidades donde sus profesores estén constantemente colaborando y estimulando a sus alumnos–clientes para que se puedan convertir en mejores versiones de sí mismos, ya sea a un nivel de resistencia física, de técnica, coordinación, tono o masa muscular, etc. Donde además, esos profesores se convierten en mejores versiones de ellos mismos por acompañar, ayudar y estimular el cumplimiento del propósito de la vida de otros. Así debería ser.

sábado, 21 de enero de 2012

Catapensamientos 17

  • Si te dejan de querer, no es porque no valgas, el otro ha decidido no quererte y sí, duele, pero recuerda, eso significa que tú también puedes decidir hacer lo mismo.
  • Cuando vives constantemente comparándote con los que están mejor que tú, la vida es generosa y hace que te cruces con uno que está peor y se agradece, porque ayuda a ponderar.
  • Más personas de la que pensamos tienen vínculos conflictivos con sus madres, la conclusión lógica es: no todas las madres son lo suficientemente buenas.
  • A veces avanzar significa retroceder, pero retroceder siempre significa retroceder.


Columna Octubre 2011: "Seducid@ por un@ alumno@"



          Todos hablan de los estudiantes y en esta columna también, pero lo haremos sobre algo diferente. Este es un tema que suele abordarse de manera casi exclusiva en la informalidad, siempre como rumor y que carece de propósito. Aquí, lo observaremos concienzudamente, con una mirada crítica y con un propósito claro: generar reflexión. Lo haré con el cuidado con el que se le sacarían las pepas a una tuna.

                Durante mucho tiempo se nos ha planteado que es muy importante educar sobre sexualidad, sin embargo, no se ha hecho explícita la forma en la que se presenta la sexualidad en el ámbito de la educación o en los contextos en que ocurre algún proceso de enseñanza - aprendizaje. Siento el deber de aclarar a qué me refiero cuando hablo de la sexualidad. Los seres humanos tenemos un sexo desde que nacemos, por ende somos seres sexuados, ya que es imposible que yo deje de ser mujer, aunque sea un segundo, mientras redacto esto. Si somos seres sexuados (por biología), la sexualidad es la manifestación natural de dicha condición y se expresa en todo y cada cosa que hacemos, incluso enseñar, por lo que le sonará de perogrullo si le digo que yo enseño como mujer. Ahora, lo importante es hacer la distinción entre sexualidad y erotismo. Sin duda que lo erótico hace alusión a la experiencia de placer que tiene directa relación con la estimulación sexual, que implica, entre otros, la corporalidad.

                Habiendo puesto el mantel, pongamos ahora las cartas. Un alumno@ ¿puede sentirse atraído hacia su profesor? Sí, eso puede ocurrir. ¿Puede actuar esa atracción? Sin duda y la historia indica ¡que lo hacen! Me bastó plantear el tema, para que diversas personas con las que comparto en la vida cotidiana, entregaran no sólo su opinión, sino que además, el conocimiento de alguna situación de la que fueron testigos (es curioso esto, todo fueron testigos, pero nadie lo vivió). En definitivas cuentas es una realidad de la que no se habla, pero que todos conocemos bien. No me entienda mal, yo no estoy hablando de aquel “amor platónico” que todos alguna vez hemos sentido por un profesor en el colegio o en la universidad, porque ese sentimiento es completamente romántico.

                Un profesor “X”, de la universidad “Y” lleva a sus alumnas  en su auto, las invita a estudiar en su casa, chatean en facebook, les entrega resúmenes que no son para todos, saca provecho de su fisonomía deportiva, presenta comportamientos muy seductores, que sin duda, cumplen su función; seducen y a más de una alumna. Mantiene  relación amorosa clandestina con alumna directa, tanto así, que él mismo se encargó de regular la posible exposición de su situación y sin asco les dijo a sus alumnos: “Si esto se sabe… bueno, ustedes saben lo que va a pasar” (léase, me encargo de que reprueben). Historias de profesores jóvenes, que están en práctica profesional en colegio y se vinculan sexualmente con alumnas de 3º o 4º medio (y al parecer los profesores de educación física tienden a estar más expuestos, según mi estadística popular) Alumnas que “abusan” de sus cualidades físicas e intencionadamente buscan provocar sexualmente a sus profesores, donde la coquetería es la estrategia de persuasión o de frentón la oferta literal de un momento de placer a cambio de la aprobación. Mujeres (solteras y casadas) que esperan en el estacionamiento, a su  también casado profesor del gimnasio. Profesor de gimnasio que queda con ojo en tinta, porque marido celoso se enteró del romance clandestino o profesor de gimnasio que entabla relación amorosa paralela con dos mujeres del mismo gimnasio. Estas son algunos de los hechos que me fueron relatados. Ahora respire profundo y detenga inmediatamente los juicios de valor que brotan espontáneamente sobre los actores de estas historias. Yo lo invito a mirar, para luego tratar de contestar: ¿Qué pasó aquí?, ¿Quién es él o los responsables? Y las más difícil, ¿cómo actuaría (o actuó) ud? Estamos hablando de estímulos sexuales intensos y persistentes. Recuerde que tenemos un sistema nervioso que de manera natural responde a los estímulos, por lo que la respuesta no puede partir del: “a mí nunca me va a pasar”, porque sí le puede pasar, entonces el punto clave es, cuando esto le está sucediendo ¿cómo se va a regular? ¿Con cuánto decoro podrá manejar la situación? ¿Cuáles son sus recursos?

                Es importante aceptar esta realidad para enfrentarla. Es una verdadera prueba al carácter, pues eso es lo que se necesita para resistir posibles tentaciones: voluntad y por supuesto, un ingrediente que no todos tienen en su despensa; desarrollo moral. Si ud trabaja en una organización donde esto ocurre, probablemente lo conveniente sea que busque a una persona sensata y afectuosa, que lo pueda escuchar, contener, entender y ayudar a ponderar la situación con claridad, para así lograr la meta en este tipo de experiencias de vida, que es autorregularse.

Columna Septiembre: "Disculpe, yo pensé que venían al colegio a aprender"

Si el alumno tiene buen rendimiento, la conclusión del colegio es que sus profesores son muy buenos, por el contrario, si el alumno tiene bajo rendimiento, el colegio concluye que el alumno es flojo o tiene algún tipo de dificultad de aprendizaje, curioso, por decir lo menos.

Si bien es cierto que hoy los profesores  experimentan un aula muchísimo más compleja y desafiante que hace 20 años atrás, también es cierto que existe una gran cantidad de conocimiento disponible con que se puede enfrentar ese desafío. La respuesta natural de la cultura escolar del tipo “el niño es flojo” o “ sus padres no le ayudan en casa” hoy no son suficientes para explicar un bajo rendimiento, hoy se hace urgente revisar las prácticas pedagógicas en el aula, las formas en que se evalúan los aprendizajes y traer a colación lo más obvio del escenario escolar: ¡los niños van al colegio aprender!

Este desafío lo componen principalmente la heterogeneidad de los grupos, ya que cuentan con alumnos con: trastornos del aprendizaje, trastornos afectivos, inteligencias normal – lento y con déficit atencional, entre otros. El  trastorno de déficit atencional (TDA)l tiene una prevalencia aproximadamente del 10% en la población infantil de nuestro país, se estima que 1 de cada 100 niños lo presenta, casi el doble comparado con países más desarrollados, y esa alta prevalencia quizás sea una de las razones por la que se trata en salud pública a nivel primario. Si bien el perfil del niño/a con TDA incluye conductas disruptivas y esto se complejiza si el caso viene acompañado de hiperactividad, se hace necesario destacar que estos niños, por criterio diagnóstico, poseen una capacidad intelectual normal o superior, sin embargo parecen ser uno los más perjudicados a la hora de lograr aprendizajes en la sala de clases.

Algunos establecimientos educacionales, trabajan con un aprendizaje de aula esperado explícito, vale decir, ellos esperan que sus alumnos aprendan en la sala de clases, por ejemplo, un 70% del contenido trabajado. Recordemos que la norma (completamente subjetiva) es que el nivel de aprobación (el “cuatro”) sea al 60%. Lamentablemente otros establecimientos parecen no detenerse nunca a cuestionar esto, ¿cuánto deberían estar aprendiendo nuestros alumnos en la sala de clases con el profesor y cuánto estamos esperando que aprendan en casa? (sólo, con sus padres o profesores particulares). Los que tienen fijada la expectativas están adelantados en un paso, en comparación con aquellos que viven en la heteroculpabilidad (la culpa de los otros, es del alumnos, es de los padres, de la etapa del desarrollo, de los compañeros, etc) pero queda una tarea más difícil por cumplir; ¿de qué manera los establecimientos educacionales confirman que sus alumnos efectivamente aprenden porque asisten a clases? Hay prácticas que indican algo diferente, las energías y el foco está puesto en el filtro no en cómo lograr más y mejores aprendizajes de aula en niños heterogéneos. Cuando un colegio determina alto estándares para ingresar (que traiga promedio 6,0 y que rinda sobre 5,5) y altos estándares para permanecer (debe tener promedio 5,5 para tener matrícula el año siguiente), hasta qué punto el buen rendimiento es el resultado de asistir a ese establecimiento y hasta qué punto el resultado habla en realidad de las características de los alumnos y sus familias. Otra cosa sería si el establecimiento se comprometiera a que el alumno, por estar ahí, logrará un promedio 5,5, pero yo no conozco colegio que se comprometa a eso.

Enseñar es un arte, sin duda. Es una noble y bellísima labor, que debe ser enaltecida con las políticas internas de los establecimientos educacionales, mirando siempre el corazón de la educación, que es el logro del aprendizaje por parte del alumno/a. Profesor es aquel que despliega generosamente sus recursos y creatividad para lograr el aprendizaje en sus alumnos, es el que no renuncia donde ve que existe una posibilidad.

Si mi hijo no se quiere lavar los dientes, si mi hijo no quiere levantarse para ir colegio, si mi hijo no se lee el libro de lectura complementaria en casa, yo no responsabilizo al colegio, porque entiendo que es mi jurisdicción y debo resolverlo con los recursos que tengo dentro de la familia. Si mi hijo aprende en clases (y lo hace) yo, valoro y agradezco la labor que sus profesores. Y los tuyos, ¿aprenden en clases?


Columna Agosto 2011: "La envidia Materna"

              Para algunos la envidia y los celos son sinónimos, para otros; no, depende del enfoque. El celo es un sentimiento que nace ante la amenaza de un tercero en una díada, por ejemplo, un niño puede sentir celos del padre, cuando ve que es él quien tiene el derecho de dormir en la cama con su madre. Por otra parte, la envidia  está definida como la tristeza por el bien ajeno, sin embargo, en su esencia más pura, la envidia es querer lo que otro tiene, pero además desear inconscientemente que el otro deje de poseerlo. Si una mujer ve a otra, con un cuerpo escultural, no sólo le dan ganas de tener ese cuerpo, también, en lo profundo, desearía que la otra no lo tuviera.

                La envidia es un sentimiento con muy mala propaganda, por lo que existe, pero en la clandestinidad, es como el narcotráfico, sabemos que existe, pero nadie la ve, ¡porque nadie la tiene! Socialmente genera tanta culpa sentir envidia, que la vamos adornando y mutando en expresiones clichés del tipo “siento una envidia sana por…”. Hablemos en serio, ¿la envidia puede ser sana? O mejor reemplacemos la palabra sana por conveniente,  ¿puede resultarle conveniente a alguien sentir envidia? Que ojo, no se parece en nada a la admiración.

                Dicen que las mujeres somos envidiosas, como si fuera una cuestión de género. No estoy tan segura de que estemos biológicamente determinadas por alguna estructura del sistema límbico a sentir más o menos envidia que los hombres, pero lo que sí parece ser cierto, es que estamos entrenadas socialmente desde pequeñas a poner mucha atención a lo que pasa a nuestro alrededor y eso parece pavimentar el camino a las comparaciones, que digámoslo, muchas veces los hombres ni se dan cuenta, porque dirigen su atención de manera diferente.

                Si la envidia hace daño en algún lugar, es en una madre y hacia su hija. ¿Conoce algún caso? Varias veces en el gimnasio al que asisto, observo intrigada a una pareja de mujeres de misma estatura, contextura similar, ambas esbeltas y curvilíneas, con vestimenta deportiva parecida, pero con una distancia significativa; una está en los 20 y la otra en sus ¿50? Hay algo raro en la escena para mí… parece que la madre quiere ser como la hija o incluso mejor, por lo menos en el ámbito físico. Créame que si las ve de espaldas pensaría que son gemelas, pero tiene más de ¡30 años de diferencia! La madre compite con la hija y no hay duda que lo que está a la base es la envidia. La mejor manera de tener lo que la otra tiene y a la vez hacer que lo pierda es tenerlo de manera más destacada.

La envidia de una madre hacia su hija se manifiesta básicamente en la dificultad materna de gozar con los logros de la hija, en la imposibilidad de celebrarla genuinamente, en la imposibilidad de facilitarle la vida a su hija, en el egoísmo en el egocentrismo, en la necesidad de competir solapadamente con ella,  entregando racionalizaciones que incluyen excusas como que es más importante la objetividad y por tanto las expresiones emocionales son poco valiosas. La envidia las aleja a ambas de la experiencia de una relación amorosa y lo más lamentable es que la hija, lejos de sentirse amada, debe emplear energía y recursos en protegerse de la madre, que le boicotea la autoestima reiteradamente.

                La teoría en psicología indica que la envidia materna es una realidad “normal” en algún momento de la relación, la lógica nos puede indicar que puede ser en algún momento a lo largo de la adolescencia, pero hay que trabajarse para superarlo. La envidia es un sentimiento inútil y a la vez destructivo, como una bomba nuclear que tiene una onda expansiva kilométrica, sin embargo con trabajo puede convertirse en un motor de cambio y mejora personal, para que eso ocurra, primero hay que aceptar que se siente, he ahí la tarea más difícil.

Columna Mayo 2011: "El amor de padre"

Los padres han sido subestimados y muy desprestigiados a lo largo de nuestra historia, probablemente tiene que ver con los orígenes de nuestra sociedad, el padre ausente proviene de la época colonial, cuando los españoles violaban a las indígenas y nunca conocían a los hijos que tenían con éstas. En el siglo XX, el modelo apuntaba a un padre como figura de autoridad intocable, incuestionable, con inexpresividad de afectos y que cumplía una función de proveedor en la familia, afortunadamente estos ha ido evolucionando junto con los cambios generados en los roles de género.

¿La forma de amar que tenemos las madres es realmente tan diferente de la que tienen los padres? ¿La diferencia la hace el haberlos tenido adentro? ¿Es esta una diferencia biológica? O es más bien ¿consecuencia de una construcción social? Está claro que el amor materno no es la manifestación de un instinto (la ciencia dice que los humanos sólo tenemos reflejos) y se entiende bien, de lo contrario no habrían parricidios y abandonos por una parte, ni adopciones, por otra. Entonces queda claro que el amor es una decisión y por tanto amar a los hijos también lo es, el punto es cómo se ama y qué comportamientos manifiestan ese amor.

Dirija está vez su mirada a los padres separados. Hoy día, persiste una especie de padre que ha existido siempre; el ya mencionado padre ausente. Ese que planta a su hijo el fin de semana, que no paga el colegio, que no lo llama por teléfono ni se involucra en su vida, ese que no sabe cómo se llaman sus amigos, que se va de vacaciones con la pareja actual y nunca invita a sus hijos,  ese que lo ve dos veces al mes y ni si quiera lo lleva a pasear, y que por lo general ofrece y promete, pero no cumple. Ese padre que siempre contribuye muy poco económicamente a la mantención integral de su hijo y que a veces le tienen que retener la devolución de impuesto, ese que es bien pobre de recurso (intelectual o emocional) y maneja las situaciones con sus hijos tan mal, tan mal, que parece que lo hubieran contratado para hacerlo así, padre que a pesar de todo esto es amado por su hijo/a. ¿Los ubica? Bien, ese padre, es necesario y es importante, porque cualquier papá es mejor que ninguno. Ahora, sin duda que sería mucho mejor para esos niños que su padre creciera interiormente un poco más y se superara en sus habilidades parentales, porque el mayor problema que tiene  es que ¡no ve lo mal que lo hace! Y el daño que causa en sus hijos.

Al otro lado del río, están los papás por los que uno se saca el sombrero, esos que a uno le hubieran gustado para sí (para los afortunados, ese que se parece al que a ti te tocó) Ese papá, es el que, vez que puede va a ver a  sus hijos y que siempre da más de lo acordado. Esos papás que se desviven por sus niños, que son los que nunca se compran ropa, porque siempre lo que tienen es para que sus hijos tengan una mejor calidad de vida, esos papás que prefieren estar con sus hijos antes que con otras personas, que hacen sacrificios para estar con ellos, como viajar varias horas o levantarse más temprano para ir a dejarlos al colegio y compartir ese ratito con ellos, son de esos que van a las reuniones de apoderados y ¡participan! Esos papás que incluso, en algunos casos, se mueren de ganas porque sus hijos vivan con ellos y que pueden ser  hasta más competentes que las madres en tareas de crianza. Esos padres que son dichosos siendo el mejor papá que pueden ser, porque están reparando su propia historia, porque están siendo el papá que siempre necesitaron y quisieron, pero que no tuvieron.

Todos los papás son importantes, todos los papás traen enormes beneficios en el desarrollo integral de los niños y sin duda que todos los niños necesitan un papá, la diferencia está en que algunos son buenos y otros, sencillamente no.