Tengo un amigo que hace meses me
dice “Yo sé que tengo que trabajar esto de mí y sé que solo no lo puedo hacer…
sé que tengo que ir a terapia”, pero no va, yo solo le digo que es muy bueno
que lo tenga claro. Algo que muchas veces cuesta entender es uno de los
principio de la psicoterapia: el deseo de cambio debe venir del paciente, por
lo que las personas van a terapia cuando están listas y no necesariamente
cuando les conviene.
Veamos un
ejemplo; un hombre de treinta y tantos, soltero y funcional (una persona que
llamaríamos normal) se da cuenta que tiene enormes dificultades para formar
vínculos amorosos. Por una parte, le gustaría mucho enamorarse, casarse y tener
hijos, por otra, termina una buena relación de pareja con una mujer que lo
amaba, consciente de que no había ningún buen motivo para hacerlo, excepto su
dificultad para profundizar el vínculo, que implica mostrarse y asumir las
propias vulnerabilidades, por lo que se expone una y otra vez a relaciones con
mujeres que tienen la misma dificultad que él: incapaces de formar vínculos, de
comprometerse o amar y sufre, dejando pasar a las mujeres con las que
potencialmente podría formar una relación de pareja sana. Él sabe que mientras
no trabaje lo que está debajo de esto, no podrá cambiarlo, tiene identificado
el problema, ya ha intentado resolverlo por su cuenta y no lo ha logrado,
entonces concluye que requiere de algo de ayuda, sabe que le conviene ir a
terapia, que esto es importante para él, sin embargo lo deja en carpeta y sigue
con su vida exactamente igual, tiene mil escusas (falta de tiempo es la más
común ¿no?, la segunda el tema del dinero) lo posterga. El tema es así: él sabe
que le conviene, pero no está listo.
Otras veces,
la gente está “a medio cocinar” esto significa que logran ir, pero rápidamente
abandonan, porque como señalamos en la columna anterior ir a terapia no es un
experiencia de miel sobre hojuelas, y en cuanto comienzan a salir las temáticas
dolorosas, cuando emerge lo feo, aparece la angustia y con esto la resistencia
al cambio. Entonces asisten entre una y cuatro sesiones, que por supuesto no
son transformadoras, pero si preparan el camino y aumentan las posibilidades de
que más adelante vuelvan.
Ahora,
continuemos con la misión propuesta: responder la pregunta de cuándo ir a
terapia. Existen motivos mentales relevantes, ante los cuales se debe encender
una alarma y activarse rápidamente. En general, podríamos decir que todo lo que
considere anormal para usted mismo es una alarma, aquello que le llama la
atención sobre usted mismo, no tanto con parámetro en otros, aterricemos esta
idea. Si usted ha dormido poco toda su vida, este es un funcionamiento normal
para usted, pero si usted siempre ha dormido ocho horas y de pronto comienza a
dormir cuatro o cinco de forma recurrente. Si su libido se traduce en actividad sexual tres veces por semana con su pareja y de
pronto hay ausencia de deseo, estos ya pasan a ser síntomas (señal de que algo
no anda bien) y se recomienda consultar, porque se podría prevenir el
desarrollo de algo más complejo (cuadro o trastorno mental) Lo mismo ante los
síntomas de depresión (tristeza vital, desánimo, angustia y ansiedad), aunque
aquí también pasan a tener un rol muy importante los cercanos, pues a una persona deprimida, por su mismo estado,
le costará activarse para buscar ayuda.
Pero no
podemos dejar todo esto solo en manos del paciente, la relación terapéutica se construye de a dos,
por tanto la experiencia con el terapeuta también va a influir en la adherencia
a este proceso. Una persona que está lista, puede abandonar la terapia si el
terapeuta elegido no es el adecuado. Otro amigo, hace unos días me contaba que
había ido donde un psicólogo, pero que no le había gustado, que no se había
sentido cómodo, que no había sentido conexión o feeling, cuestión fundamental, así que había dejado de ir, sin embargo sí
tuvo esa conexión con su psiquiatra y ya lleva un año asistiendo a sesiones
trimestrales con él (algunos psiquiatras hacen terapia, pero la mayoría solo
farmacoterapia) Por el contrario, una persona que esta “a medio cocinar” con el
terapeuta correcto, puede lograr hacer un proceso completo.
Vaya a
consultar a un psicólogo si es lo que siente que quiere hacer, pero recuerde:
una vez iniciado el proceso no siempre “se tiene ganas” de ir, pero como decía
una querida profesora en la universidad “Cuando menos se quiere ir es cuando
más tiene que ir” porque significa que se está tocando un punto clave. No
necesita tener una lista de síntomas o una problemática completamente definida,
eso surge de manera natural en la conversación con el terapeuta. Puede ir para
conocerse más y convertirse en una mejor versión de sí mismo, porque
erradamente nuestra sociedad nos dice que si somos adultos ya nos conocemos y
no es así. Es imposible conocerse si uno no baja a las tierras profundas del
propio inconsciente, si uno no accede a ese “entretecho” o “sótano” que
difícilmente puede ser visitado sin la compañía de un terapeuta.
Si su discurso
es “Yo soy así y no voy a cambiar”, tiene toda la razón, no va a cambiar, pero
no porque el cambio no sea posible, sino porque Ud. no está dispuesto a hacer
el esfuerzo para lograrlo.