domingo, 20 de julio de 2014

Columna Life Magazine Junio 2014: "El amor se logra con disciplina"



            La disciplina es la actitud de las personas que acatan las normas que rigen una actividad. Por lo general lo asociamos a personas rigurosas, sistemáticas, ordenadas y responsables. La etimología de la palabra disciplina es “discipulus”, que significa imponer el orden necesario para lograr un aprendizaje, lo que tiene sentido con la asociación natural y colectiva que hacemos entre disciplina y colegio o alguna institución de las Fuerzas Armadas.

            Un buen ejemplo de la disciplina en el amor me la dio una queridísima amiga. Ella me contó que con su marido habían decidido no hacer más regalos “a ciegas” y que a principio de año, cada uno entregaba su lista con los regalos que le gustaría recibir, que incluían no sólo objetos si no también gestos, entonces a partir de esa lista se hacían los regalos de cumpleaños, aniversario y navidad, asegurándose el éxito, pero a la vez manteniendo el factor sorpresa. Es disciplina, porque poner orden a la actividad de “amar al otro”

            ¿Tiene usted disciplina en su relación de pareja? La generación que hoy está en sus treinta o cuarenta se ha caracterizado por matrimonios que duran poco, si los comparamos con los de la generación de nuestros padres y abuelos, claro que el tema no es solamente no separarse, sino que estar en una relación que en promedio sea buena.

           
Por cultura se nos enseña que el amor es algo que se siente de manera espontánea y si lo entendemos solo como un sentimiento, así como brota, muere. Pero si concebimos que amar es una decisión, entonces tiene sentido que requiera de disciplina, por lo que para tener éxito en una relación amorosa hay que trabajar con ahínco y dedicación, así como lo hacen por ejemplo los deportistas.

            El nadador Olímpico estadounidense Michael Phelps, nada 7000 metros durante la mañana y luego tiene preparación física, para volver a nadar en la tarde 6000 metros más. Rafael Nadal no sólo juega tenis muchas horas al día, sino que además debe correr 200 y 400 metros, nadar y realizar ejercicios de flexibilidad y coordinación, junto a una dieta estricta. El futbolista Cristiano Ronaldo realiza ¡3000 abdominales diarios! Las bailarinas profesionales de ballet clásico sufren con callos ampollas y deformidades en los dedos, porque adoptan una postura antinatural, la cual implica poner todo el peso del cuerpo en el primer dedo.  El desgaste físico, el dolor, la entrega y la postergación de muchas otras actividades y placeres, son parte de los sacrificios que hacen para lograr lo que se han propuesto y ¡es admirable!

           
     La disciplina en el amor no tiene costos tan altos como los que les tocan a estos deportistas y los beneficios son muchísimos. Tiene relación con la definición entregada al inicio de esta columna, la actitud; también con la perseverancia y la capacidad postergar. El deportista no entrena cuando tiene ganas, entrena a pesar de que no tiene ganas. En el amor es similar, hay que ejecutar acciones dirigidas de forma estable; disciplinada, tenga ganas o no, implica un esfuerzo. Realizar gestos hacia el otro que mantienen vivo el “nosotros”, pero de forma consciente y no “echarse en los laureles”. Tiene que haber un propósito explicitado que sea el norte de ambos: hacer feliz al otro, crecer juntos, ser mejores personas cada día, mantener la cercanía, resguardar la intimidad tanto física como psicológica, etc.  “Mantener encendida la llama” apunta justamente a nutrir la relación de forma habitual, que no significa hacer siempre lo mismo, pero es importante no esperar a que la relación esté desnutrida para actuar.

            La disciplina en el amor será eficiente en la medida en que los miembros de la pareja sean personas empáticas y entiéndase bien, la empatía no es “ponerse en el lugar del otro” (porque eso es literalmente imposible), es predecir cómo el otro va a pensar, sentir o actuar frente a determinada situación o conducta y si contribuye a la felicidad del otro hacerlo, porque la felicidad del otro beneficia el “nosotros”.

            No lo piense mucho más… vaya y sorprenda a su pareja con un gesto que no espere, que sea diferente, inesperado y le haga sentir amado, la lógica indica que se va activar un círculo virtuoso de reciprocidad. Y si le tocó recibir, agradezca, valore y ¡muévase! No tiene que ser un regalo caro, puede ser una nota en el refrigerador, una declaración refrescante, un chocolate debajo de la almohada o sencillamente liberar al otro de una actividad que usted sabe, le resulta tedioso.

            Existen muchas formas de poner disciplina a una relación, la básica y fundamental tiene relación con los límites de la relación, es por esto que muchas parejas hacen explícito el acuerdo de exclusividad sexual. También se pueden explicitar “lo que no voy a transar” y se pueden tomar acuerdos respecto de los hábitos de uno que molestan al otro, realizar concesiones, esto los protege y evita conflictos. Otra forma tiene relación con los ritos; hay matrimonios que para sus aniversarios siempre se van el fin de semana y dejan a los niños con los abuelos, o parejas que van de manera estable una vez al mes al cine, porque es algo en común que les gusta. La llamada a una hora puntual, o el mensaje de buenos días y el de buenas noches, también son disciplina. Para muchos esto es “rutina” y automáticamente tiene un sabor amargo y connotación negativa, sin embargo el tenista, el futbolista, la bailarina y el nadador, realizan la misma actividad y lo siguen disfrutando, ¿Cómo lo hacen? Aman lo que hacen y eso es lo que los mueve.

            Tenemos la fantasía errada de que las buenas relaciones de pareja son espontáneas y se mantienen por sí mismas sin esfuerzo, pero en realidad son el resultado de un trabajo consciente y dirigido, realizado por ambos.

miércoles, 16 de julio de 2014

Columna Abril 2014 Life Magazine: "No sé si es amor"



En el libro “Para quererte mejor”, el autor argentino Jaime Barilko dice que para enamorarse ud. no tiene que hacer nada, porque enamorarse es algo que sucede de forma espontánea, por tanto es algo azaroso y depende del flechazo de cupido.

Por otra parte, famosa es la frase de Erich Fromm, en su libro “El arte de amar”, que puede resultar muy simple de entender, pero tremendamente difícil para algunos de creer o aplicar: Amar es una decisión. Siempre se confunden en el lenguaje, los significados entre el enamoramiento y estar enamorado, como sinónimo de amar a otro.



Existen síntomas del enamoramiento y del amar. Algunos coinciden, otras veces se pueden confundir. Tratemos de hacer un paralelo:

En el enamoramiento (estado)
Estar enamorado como sinónimo de amar
Todo lo que se siente, sencillamente pasa, por tanto es reactivo al otro
Todo lo que se siente es intencionado y producto de una decisión
Sientes mariposas en el estómago, se puede acelerar la frecuencia cardíaca y reacciones fisiológicas varias de alta intensidad.
La presencia del otro trae un bienestar estable, afortunado y tranquilo.
Quieres pasar todo tu tiempo con esa persona y ojalá no tener que separarse nunca
Sólo quieres disfrutar al máximo el tiempo que tienen juntos.
Así como llega intempestivamente… se va
No renuncia fácil, no cambia tan rápido ni ante la primera dificultad
*soneto de Skakespeare
Se tiene completamente idealizado al otro, se le percibe como perfecto, aunque se sabe que no lo es, parece que no tiene defectos.
Conoces y ves sus defectos e incluso las cosas del otro que no te gustan, pero sientes amor por esa persona a pesar de eso.
Quiero estar con esa persona, porque me hace feliz
Quiero estar con esa persona para hacerla feliz
Puede durar meses… difícilmente más de un año.
Puede durar para toda la vida.
El otro me hace sentir muy bien conmigo mismo
El otro me inspira a superarme, a ser mejor.
Se toman decisiones importantes de forma impulsiva
No hay apuro y las cosas importantes se hace con cuidado y planificación
Le dice “te amo” sólo para que el otro diga lo mismo
Le interesa saber si el otro siente su amor.
Quiero al otro para mi
Quiero que el otro sea feliz
El otro realmente no es importante, sólo importan cómo me siento yo y saber que es  recíproco
El otro es muy importante, tanto así, que a veces se transa, se negocia y se posterga por el “nosotros”
La vida sexual es el fuego
La vida sexual es el calor de las brasas
El otro es un lindo accidente
El otro ha sido elegido selectivamente

Si amar es una decisión, también se debe tener presente que es un proceso, así que sea paciente, la verdadera intimidad es la última y más maravillosa estación. Llegar a amar a alguien no es algo instantáneo, así como tampoco lo es dejar de amar, lo que sí toma un segundo, es tomar la decisión y comprometerse con ella, atreverse. Hay personas que le temen al amor, que evitan a toda costa llegar a amar y muchas veces ese miedo está asociado al temor a sufrir. Nuestra cultura nos heredó una visión del amor que lamentablemente está ligada al sufrimiento. El que ama bien, jamás debería sufrir, porque amar es buscar el bien de otro y no pueden hacernos daño a no ser que sea con nuestro consentimiento.

Por lo tanto si se pilla pensando “no sé si es amor” reemplácelo por un “No sé si quiero amar” y si tiene la posibilidad, si se siente capaz de amar y tiene miedo, recuerde que es mucho mejor arrepentirse de lo que se hizo, que arrepentirse de lo que no se hizo.

Por último, es mi deber decir, lo que todos quienes hemos amado ya sabemos, que el camino más común es pasar del estado de enamoramiento al amor, aunque no es el único y a veces la vida nos podría sorprender al mostrarnos que podemos llegar a un estado de enamoramiento luego de amar.



Soneto XVI
(…) no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva (…)

Shakespeare




Columna Mayo 2014 Life Magazine: ¿Volver o no volver?



             Este es un tema polémico, porque todos tienen una opinión. Abordemos el tema con altura de miras y analicemos bien, siempre tratando de no emitir juicios, tarea que no es fácil. Partamos de la base que no es lo mismo hacerse esta pregunta en un pololeo puertas afuera,  en uno con convivencia o en un matrimonio sin hijos, que en un matrimonio con hijos.

               
Estaba con dos profesoras reunidas, discutíamos el proceso de un alumno pequeño de 2° básico que está con depresión. Una de ella añade que los padres se han separado por segunda vez, entonces la otra profesora da su opinión y menciona lo importante que es pensarlo bien antes de volver, especialmente si tienen hijos, pues se les expone a un daño aún mayor. Cuando preguntaron mi opinión, yo me quedé pensando y les dije que era muy probable que esos padres, cuando decidieron volver, lo hicieron con intenciones genuinas de esforzarse para que resultara y que seguramente para ellos también había sido muy dolorosa la reiteración del fracaso, además de la culpa, pues  está la consciencia de daño a los hijos. También el mensaje que queda a posterior para esos niños al crecer y es que sus padres al menos lo intentaron y por tanto les queda ese modelo, el de luchar por restituir la familia, que es una lección que muchos de adulto valoran y agradecen.

                Un queridísimo amigo mío vivió algo excepcional y muy inesperado en este ámbito, cuando nos tocó trabajar juntos, él vivía en la misma casa con su mujer, pero llevaban ya varios años durmiendo en piezas separadas, pues habían aceptado que su relación de pareja estaba muerta. Habían hecho el acuerdo de que no se iban a separar hasta que su hija cumpliera 18 años y en ese momento tenía 14. Recuerdo que en esa oportunidad yo planteé también el modelo de pareja que le estaban dando a su hija, la de tener unos padres que jamás se expresan afecto, que nunca se tocan. Llegaron los 18 de la su hija y salió del hogar a estudiar en la Universidad, ellos vivieron un nido vacio y se reencontraron, comenzaron a acercarse y de las cenizas renació el amor de ambos.

                Miremos otra situación. Un conocido debe salir del departamento que compartía con su pareja como consecuencia de lo que parecía una ruptura irrevocable, ya habían terminado y vuelto antes unas tres o cuatro veces. Estaban de novios y ella le devolvió el anillo de compromiso. Aproximadamente seis meses después volvieron, tres meses después salía él otra vez del departamento, se fue a vivir con unos amigos unos meses y... volvieron. Ya nadie se sorprende, ni de que vuelvan, ni de que terminen.

                Como se evidencia en esta pequeña muestra, casa situación es diferente, única y particular, por eso antes de volver, es conveniente poner en el congelador la nostalgia que motiva el intenso reencuentro y hacerse algunas preguntas de suma importancia: ¿Cuál fue el problema?, ¿Qué hemos aprendido de lo vivido?, ¿Para qué vamos a volver?, ¿Qué hemos hecho, juntos o por separado para solucionar ese problema? y ¿Qué será diferente esta vez?, ¿Qué sacrificios estamos dispuestos a hacer cada uno esta vez, para que resulte?

                Tener una vida juntos, una historia, tener química, echarse de menos o sentir que aún existe amor, parecen no ser razones suficientes para volver, pues es muy probable que esos mismo ingredientes hayan estado presentes en las vueltas previas. 

                  Emerge entonces intensamente la necesidad de conversar y reflexionar juntos sobre el propósito de ser pareja, y evidenciar el significado del amar de cada uno, porque el lenguaje nos tiende una trampa muy grande! Dos personas se dicen te amo y porque dicen las mismas palabras, creen que están hablando de lo mismo, pero pocas veces es realmente así. El autor Rafael Echeverría, en su libro “Ontología del lenguaje” plantea una interesante interrogante “¿Sentirá exactamente lo mismo Romeo por Julieta, que Julieta por Romeo?”

                Creo que tomar la decisión de volver es siempre difícil, es como comprar un boleto de avión en la misma aerolínea en la que voló antes y el avión de cayó. Por una parte podemos pensar que luego de un accidente, las medidas de seguridad aumentan y entonces deberían existir menos riesgos, pero por otra parte podemos también sospechar que si el avión se cayó una vez, bien puede suceder de nuevo, por eso si va a volar, lleven paracaídas y uno bueno es ir a terapia.