Es saludable echarse de menos en
una relación. Cuando por circunstancias de la vida, dejamos de ver pareja,
amigos o familiares, en la mayoría de los casos se abre un espacio para
extrañarse mutuamente y el sabor de ese amor es aún más dulce, pero hay una
persona de quien nunca nos podemos alejar: nosotros mismos, por esa razón se
hace imprescindible cuidar esa relación tanto o más que las otras y no es un
hábito que se inculque lo suficiente.
Una
de mis clientes de coaching escolar tenía este clásico hábito de decir: “¡Ah! ¡Pucha
que soy tonta!” (con un dejo de rabia), cada vez que cometía un error haciendo
un ejercicio de matemática. Yo le dije que si ella se maltrataba y yo tenía que
ser testigo de eso, entonces yo también me maltrataría y me golpearía la cabeza
contra la mesa. A ella le pareció muy chistoso y hasta un poco ridículo, pero
lo hice (ella se decía tonta y yo hacía el amago de golpearme la cabeza) Le
sugería que cambiara las palabras, por ejemplo: “pucha que soy distraída” Como
era de esperar ella no quería que yo me maltratara delante de ella y decidió
cambiar las palabras. Ahora cuando se equivoca, no sólo dice “pucha que soy
distraída” (con tono teatral) si no que se ríe. Este cambio en el lenguaje
introduce una forma más amable de relacionarse consigo mismo.
Tal
vez podríamos emplear algunos criterios generales para evaluar la relación de
uno con el sí mismo, tales como: ¿soy amable?, ¿Respetuoso/a?, ¿soy paciente?,
¿Perdono?, ¿Soy honesto/a? (cada pregunta termina con un conmigo mismo) A veces
los otros nos tratan mucho mejor de lo que nosotros nos tratamos a nosotros
mismos.
Hace
uno días un conocido me preguntó qué podía hacer para ayudar a su polola, ya
que ella siempre “se tira para abajo” y eso le frustra. Él, por más que la
quiera no puede modificar lo que ella siente, es ella la que debe mirar la
relación que tiene consigo misma. No es tarea del otro confirmarnos, ¡es tarea
de uno! Y además de que al otro no le toca eso, darnos el amor que no somos
capaces de brindarnos a nosotros mismos, es agotador y puede terminar
destruyendo la relación, porque se hace muy difícil querer a alguien que nos e
quiere a sí mismo.
Es
de conocimiento popular la frase “si no te quieres tú, como te van a querer
otros” y lo que pasa es que la identidad personal se construye en la
infancia a partir de la premisa inversa
y darla vuelta en la vida adulta es una tarea de alta complejidad y ¡suma
relevancia! Porque finalmente llegamos a entender que mientras mejor sea la
relación de uno consigo mismo, mejores serán efectivamente las relaciones que
construyamos con otros.
Como
padres y/o profesionales que trabajamos con niños y adolescentes, debemos tener
presente que podemos contribuir a la felicidad de los otros si les guiamos en
este camino de aprender a aceptarse y amarse a sí mismo. No basta con que
amemos a nuestros hijos, debemos ayudarlos a que ellos logren amarse también.


