Comiendo con
un amigo (49), me contaba su última experiencia de pareja. Ella nunca quiso
formalizar, decía que no quería nada serio, porque no estaba lista para tener
una relación. Él, puso todo de su parte, con la esperanza de que ella en el
camino desarrollara apego, la invitó a comer, al cine, a buenos aires, etc.,
pero ella nunca declaró afectos y cuando salían con más personas, luego de
varios meses juntos, lo presentaba como un amigo. Él se dio cuenta de que eso
no era lo que quería e intentó varias veces terminar, sin embargo me confesaba
que su necesidad de no estar solo era más grande, por lo que volvía a buscarla,
tratando de no esperar nada de ella, aunque no le resultaba. Se repetía todo de
nuevo una y otra vez. Lo pasó pésimo y se quedó con la sensación de que salió
con nada de esa relación. La pregunta que uno se puede hacer como oyente o
lector de una historia así es ¿cuál criterio se usó aquí para elegir pareja?
Atenta a la
experiencia de otros, mi madre me contó otra historia que llamó mucho mi
atención. Él (26) se enamora de ella. La invita a vivir a su casa, con su madre. Luego de un año o algo así
juntos, ella le es infiel y él la descubre. Terminan. Fue vox populi, él quedó
muy mal después de la ruptura. Tiempo después se reencontraron, volvieron y
quiere vivir con ella otra vez. Ahora… piense que es su hijo/hija el de esta
historia. La pregunta natural es ¿por qué? ¿por amor?
Él (38) buen
mozo, profesional, separado, dos hijos. Se enamora perdidamente de una mujer “florero”, que no trabaja ni le gusta ser
dueña de casa, para colmo ¡ni si quiera es amorosa con él! Una vez su hijo
estaba enfermo, llegaban de un viaje y ella le dijo “Tienes que ir a comprar
algo para que coman los niños, porque yo no voy a cocinar” y él muere por ella.
Lo papas nos
ocupamos de que nuestros hijos desarrollen diversos aprendizajes, por ejemplo;
que aprendan modales en la mesa, que aprendan a respetar al otro, que aprendan
a estudiar, etc. Si embargo un aprendizaje que es sumamente importante en la
vida parece que no fuera tarea de los padres; ayudar a que nuestros hijos
aprendan a elegir pareja.
Hace unos días
debatiendo este tema con un persona, me dijo: “Hay que elegir con él corazón” a
lo que yo respondí: Cuando tu hija llegue a la casa, con un motoquero, chascón,
que no trabaja, toma mucha cerveza, fuma marihuana y le es infiel, pero ella
está perdidamente enamorada de él, ¿seguirás pensando que la elección de pareja
se hace sólo con el corazón?
Conversando
con una amiga, entre sollozos, me pregunta: “Por qué no he podido encontrar
pareja y tener una relación sana” y yo que conozco su historia, le pregunté “¿y
cómo podrías haberlo hecho? ¿Desde dónde? Si no hubo modelo, si no se generaron
las instancias para aprender bien. Porque ese el tema, todos aprendemos a
elegir pareja, el punto es aprender a elegir bien. Y si en algo podemos estar
de acuerdo todos los papas del mundo, es que deseamos de todo corazón que
nuestros hijos elijan bien.
A veces las
personas dicen que es mala o buena suerte. Yo creo que son buenos o malos
aprendizajes. ¿Cómo le enseñaron a usted a elegir pareja?, ¿alguien le enseñó?, ¿considera que es algo que se debe aprender?
De ser así, ¿quiere ayudar a sus hijos a lograr ese aprendizaje?, ¿se puede? Y
lo más importante ¿cómo?
Es probable
que las personas de los relatos tengan algo en común, han hecho elecciones que
de una u otra forma parecen perjudicarlos y puede que el problema radique en
los criterios de selección, en aquellos puntos del “chekc list” que están en el
top five y claramente “que ame bien” no es uno de ellos.
Tan importante
como elegir bien a quien amar, es saber amar y reconocer cuando se es bien
amado. Tal vez una posibilidad está en tomar ese camino. En la medida en que
nuestros hijos conozcan y experimenten que el amor no se verbaliza, si no que
se actúa, que el amor es cuidado y respeto que en suma el otro hace (no sólo
dice)… tal vez, con esas experiencias, aumentemos la posibilidad de que salgan
al mundo a buscar justamente lo que tuvieron. Para que, si se llegan a encontrar en una relación en donde son mal
amados, les genere extrañeza y rechazo natural y se alejen de esa relación,
porque en el fondo saben que ser bien amado es otra experiencia, completamente
diferente.

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