martes, 29 de enero de 2013

Columna CM "Un nuevo pecado: el exceso de amor a los hijos"


La psicología como ciencia social, durante años ha estudiado y presentado teorías con explicaciones sobre los efectos dañinos de la falta de amor y el abandono emocional, pero nada se ha dicho oficialmente de los efectos del exceso de amor, tal vez lo más cercano a este tema lo trata la reconocida psicóloga infantil Neva Milicic en su libro “Cuánto y cómo los quiero” en que hace mención de una maternidad y paternidad nutritivas.

En términos populares y con bastante rechazo se hace mención de los niños “malcriados” o como escuché hace poco, los niños “mal aprendidos” (porque en algunos casos no es que al niño sus padres no le hayan enseñado, es que el niño sencillamente no aprendió) pero no es lo mismo un niño mal criado que un niño que ha recibido un exceso de amor.
Se podría decir que un niño mal criado es un niño regalón, consentido, que recibe todo lo que quiere, cuándo quiere y cómo lo quiere. Es un niño muchas veces tirano, que manipula a sus padres, quienes se desviven por su bienestar o sencillamente quieren que los dejen tranquilos. En ocasiones es una especie de Rey, que ejerce una monarquía absoluta, cuya corte está formada por sus padres y todos los adultos significativos que giran a su alrededor, que buscan sólo gratificarlo. Lo que más pasa es que a estos niños pocas personas los soportan, pueden ser mal amados y están lejos de sentirse amados, especialmente cuando la ausencia emocional de los padres es compensada con cosas materiales. ¿Se ha dado cuenta que siempre son los hijos ajenos?…  las pocas veces que he escuchado a una madre o un padre decirlo de sus propios hijos, lo hace con los ojos apuntando al cielo, como si fuera responsabilidad de ¡quién sabe quién!

En el exceso de amor, curiosamente puede haber un poco de límites impuestos por los padres, incluso los niños pueden desarrollar cierta tolerancia a la frustración, con alguna capacidad para postergar el placer y control de impulsos. Son niños que se sienten profundamente amados y pueden ser bien tolerados por otros, ahí no está el problema, el problema no es tanto para otros, como para ellos mismos, porque no logran desarrollar carácter, por tanto no hay ni voluntad ni capacidad para perseverar en una tarea. Niños demasiados amados, son aquellos cuyos padres le dan demasiadas veces en el gusto y evitan enfrentarlos con la adversidad y amargura propias de la vida, les hacen todo fácil cada vez que pueden y le ponen un colchón antes de que caiga, ¿por qué? ¡Porque los aman! Pero, flaco favor, el resultado es cero carácter. En otras palabras, la consecuencia del exceso de amor, es dejarlos desprovisto de la herramienta que les permitirá enfrentar la vida, ¡es dejarlos sin escudo!. Un niño mal criado puede tener incluso más carácter que uno que recibió exceso de amor.

¿Qué tipo de padres son los que están detrás? Probablemente unos que buscan consciente o inconscientemente reparar su propia historia de carencias afectivas y si ha habido una separación o pérdida y es una familia monoparental, más se busca compensar con este exceso de amor. Se confunde la finalidad de ser padres y se comienza a creer que porque los amamos, debemos hacerlos felices siempre. Un psicólogo italiano especialista en familia declaró en su conferencia que la finalidad de los padres no es hacer felices a los hijos, sino ayudarlos a desarrollar las herramientas que les permitirán ser felices en su vida adulta.

¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo de un niños que recibió exceso de amor?. Resulta interesante proyectarlos en el tiempo y mirar la forma en que enfrentan la vida. Un padre le compra un auto a su hijo en cuanto cumple 18 años, sin embargo no toleran estar juntos en el mismo lugar; al hermano, le compra unas poleras de E.E.U.U porque era lo que quería, con ese hijo es cercano. En otro escenario, un universitario decide trabajar como garzón todo el verano para ahorrar, porque quiere un auto (y creo que su padre tiene los medios para comprárselo). Hay estilos parentales muy diferentes detrás, en estos tres ejemplos podemos ver un hijo mal criado, uno demasiado amado y uno bien amado. Queda en evidencia cuál de los tres desarrolló carácter.

El exceso de amor como sentimiento no es el problema. Podemos amarlos infinitamente, pero ese amor, en el ejercicio cotidiano de nuestra parentalidad, debemos aprender a regularlo. Es como tener mucha agua para regar las plantas; le damos lo necesario para funcionar bien, no la inundamos, porque le hacemos daño. Mis palabras favoritas hoy son: “resuélvelo tú, tú puedes, confió en ti”, “lamento que no te guste, lo tendrás que hacer igual”, “más tarde” y “no”, porque son las palabras que construyen el dimmer (aparato que gradúa la intensidad) que permite regular todo el amor que se tiene por ellos, para ¡amarlos bien!

lunes, 7 de enero de 2013

Catapensamientos 25


  • A veces, una persona dice que te quiere ver, cuando en realidad lo que quiere es que tú le veas.
  • Si la ausencia de una persona empobrece tu vida, entonces esa persona es tu amigo/a
  • Si te das cuenta que tu madre siempre tiene la razón, aún es tiempo para comenzar a escucharla!
  • Dado que toda conducta comunica, no escuches tanto las declaraciones, escucha los actos del otro, que gritan fuerte!

viernes, 4 de enero de 2013

CM Diciembre: "Aprender a elegir pareja"


Comiendo con un amigo (49), me contaba su última experiencia de pareja. Ella nunca quiso formalizar, decía que no quería nada serio, porque no estaba lista para tener una relación. Él, puso todo de su parte, con la esperanza de que ella en el camino desarrollara apego, la invitó a comer, al cine, a buenos aires, etc., pero ella nunca declaró afectos y cuando salían con más personas, luego de varios meses juntos, lo presentaba como un amigo. Él se dio cuenta de que eso no era lo que quería e intentó varias veces terminar, sin embargo me confesaba que su necesidad de no estar solo era más grande, por lo que volvía a buscarla, tratando de no esperar nada de ella, aunque no le resultaba. Se repetía todo de nuevo una y otra vez. Lo pasó pésimo y se quedó con la sensación de que salió con nada de esa relación. La pregunta que uno se puede hacer como oyente o lector de una historia así es ¿cuál criterio se usó aquí para elegir pareja?

Atenta a la experiencia de otros, mi madre me contó otra historia que llamó mucho mi atención. Él (26) se enamora de ella. La invita a vivir a su casa,  con su madre. Luego de un año o algo así juntos, ella le es infiel y él la descubre. Terminan. Fue vox populi, él quedó muy mal después de la ruptura. Tiempo después se reencontraron, volvieron y quiere vivir con ella otra vez. Ahora… piense que es su hijo/hija el de esta historia. La pregunta natural es ¿por qué? ¿por amor?

Él (38) buen mozo, profesional, separado, dos hijos. Se enamora perdidamente de una mujer  “florero”, que no trabaja ni le gusta ser dueña de casa, para colmo ¡ni si quiera es amorosa con él! Una vez su hijo estaba enfermo, llegaban de un viaje y ella le dijo “Tienes que ir a comprar algo para que coman los niños, porque yo no voy a cocinar” y él muere por ella.

Lo papas nos ocupamos de que nuestros hijos desarrollen diversos aprendizajes, por ejemplo; que aprendan modales en la mesa, que aprendan a respetar al otro, que aprendan a estudiar, etc. Si embargo un aprendizaje que es sumamente importante en la vida parece que no fuera tarea de los padres; ayudar a que nuestros hijos aprendan a elegir pareja.

Hace unos días debatiendo este tema con un persona, me dijo: “Hay que elegir con él corazón” a lo que yo respondí: Cuando tu hija llegue a la casa, con un motoquero, chascón, que no trabaja, toma mucha cerveza, fuma marihuana y le es infiel, pero ella está perdidamente enamorada de él, ¿seguirás pensando que la elección de pareja se hace sólo con el corazón?

Conversando con una amiga, entre sollozos, me pregunta: “Por qué no he podido encontrar pareja y tener una relación sana” y yo que conozco su historia, le pregunté “¿y cómo podrías haberlo hecho? ¿Desde dónde? Si no hubo modelo, si no se generaron las instancias para aprender bien. Porque ese el tema, todos aprendemos a elegir pareja, el punto es aprender a elegir bien. Y si en algo podemos estar de acuerdo todos los papas del mundo, es que deseamos de todo corazón que nuestros hijos elijan bien.

A veces las personas dicen que es mala o buena suerte. Yo creo que son buenos o malos aprendizajes. ¿Cómo le enseñaron a usted a elegir pareja?,  ¿alguien le enseñó?,  ¿considera que es algo que se debe aprender? De ser así, ¿quiere ayudar a sus hijos a lograr ese aprendizaje?, ¿se puede? Y lo más importante ¿cómo?

Es probable que las personas de los relatos tengan algo en común, han hecho elecciones que de una u otra forma parecen perjudicarlos y puede que el problema radique en los criterios de selección, en aquellos puntos del “chekc list” que están en el top five y claramente “que ame bien” no es uno de ellos.

Tan importante como elegir bien a quien amar, es saber amar y reconocer cuando se es bien amado. Tal vez una posibilidad está en tomar ese camino. En la medida en que nuestros hijos conozcan y experimenten que el amor no se verbaliza, si no que se actúa, que el amor es cuidado y respeto que en suma el otro hace (no sólo dice)… tal vez, con esas experiencias, aumentemos la posibilidad de que salgan al mundo a buscar justamente lo que tuvieron. Para que, si se llegan a  encontrar en una relación en donde son mal amados, les genere extrañeza y rechazo natural y se alejen de esa relación, porque en el fondo saben que ser bien amado es otra experiencia, completamente diferente.