Hacer algo mucho tiempo, no es
sinónimo de hacerlo bien. Nos comunicamos desde que estamos en el útero, por
tanto es algo que hacemos literalmente toda la vida y constantemente, incluso
cuando no queremos comunicar, lo hacemos y esa es razón de peso para querer ser
mejor en tan importante acción humana: comunicar.
Una
alumna en clases, preguntaba si había forma de ayudarle a las personas a
desarrollar “tino”, creo que ella no tenía ninguna conciencia de lo atinada ¡que
estaba siendo! Hay gente muy desatinada, pero se ha dado cuenta que siempre son
los otros, no uno. La verdad, entre usted y yo (en este momento le susurro) uno
sabe cuando ha cometido una falta de tino, ¿cierto? Y la idea es que eso pase
cada vez menos. ¿Por qué? ¿Dónde está el beneficio en comunicarse mejor? Son
muchos: primero que todo, tendrá curiosamente una mejor relación consigo mismo,
y se agradece, luego es útil para evitar malos entendidos y los malos ratos
asociados a ello, pero lo más importante; comunicarse mejor es sinónimo de
hacer el bien, porque se reduce la posibilidad de dañar a otro. En otras palabras,
cuando nos comunicamos mejor, cuidamos a los otros, me refiero a todos, no sólo
a los seres queridos y compañeros de trabajo o clientes, a todos, porque todos
importan.
Hace
algunos años, mi hijo de no más de 7 años, tomó el carro del supermercado,
entusiasmado y distraído, sin querer, golpeó suavemente a una señora de edad
madura, inmediatamente se disculpó. Esta se dio vuelta y lo increpó: “¡Niño
estúpido!, ¡imbécil!, ¿cómo se te ocurre golpearme” yo me acerqué y confieso
que con esfuerzo me regulé, porque lo que dije no fue lo que realmente quería
decir. Lo que quería decir no era asertivo y si yo no lograba ser asertiva,
entonces no sería diferente de ella. En cuanto pude regular mi ira y articular
un mensaje, expresé con tono firme y mirándola a los ojos: “Poco inteligente es
la persona que trata de estúpido e imbécil a un niño, especialmente si esa persona
es un adulto, ¿cómo se le ocurre a usted tratar así a mi hijo?”… Puede juzgar.
Es la idea. También aproveche de pensar en qué hubiera contestado usted, o qué
hubiera hecho en mi lugar.
Estamos
relacionándonos siempre con muchas personas diferentes que tienen variadas
habilidades de comunicación, uno más, otros menos, pero parece ser que siempre
se está expuesto a una situación de “desatino” ya sea de uno o del otro.
Fantaseamos con poder tener la respuesta ideal, en el momento justo y poder
decirlo con claridad. La buena noticia es que se puede y existen varias vías,
desde libros, charlas, terapia, coaching, cursos o sencillamente solicitar
feedback de sus cercanos. para encontrar aquello que se hace más urgente
mejorar.
Actualmente
los cursos de comunicación forman parte de las mallas de muchas carrera
profesionales y técnicas, especialmente de aquellas profesiones que tienen
relación con brindar un servicio a personas. Es plausible que se haya
reconocido esta necesidad y se esté satisfaciendo. Creo que, por ejemplo, a
nivel de funcionario público en salud, la diferencia será ostentosamente
notable, entre aquellas generaciones que tuvieron cursos de comunicación y los
que no. Las nuevas generaciones de profesionales están saliendo al mundo
laboral con mejores habilidades blandas y a la larga eso es un beneficio para
nuestra sociedad.
Por
último, quisiera compartir con ustedes algunas máximas personales en comunicación, que no son fáciles de lograr,
pero se pueden entrenar con paciencia y perseverancia (considérelo como hacer
25 abdominales todos los días):
-
Dé
su opinión sólo cuando se la pidan o cuando la vida del otro corra peligro.
-
Ármese
de valor y exprese su malestar a la persona que se lo causa, pero hable de
usted y no del otro: “Estoy molesta, porque cuando pasó esto… yo me sentí…”
-
Hay
cosas que no se dicen…. Fácil, ¡no las diga! O sea, aprenda a callar. Entregue
el mensaje sólo si va a ayudar al otro a convertirse en una mejor persona, de
otro modo, no vale la pena.
-
Hay
cosas que se dicen, pero con mucho cuidado, el objetivo es doble, hacer llegar
el mensaje y no herir al otro con el contenido, por eso debe articularse desde
el “yo” y no desde el “tú” y las palabras deben ser seleccionadas con pinzas.
Estos mensajes, se preparan, no es conveniente que sean espontáneos.
-
Recuerde
que decir “no” es un derecho. Cuando lo que quiere decir es no, eso es algo que
no debe dejar de decirse.

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