lunes, 3 de septiembre de 2012

Columna Agosto 2012 Revista CM: "Lo que se dice, lo que no se dice y lo que no puede dejar de decirse"

         Hacer algo mucho tiempo, no es sinónimo de hacerlo bien. Nos comunicamos desde que estamos en el útero, por tanto es algo que hacemos literalmente toda la vida y constantemente, incluso cuando no queremos comunicar, lo hacemos y esa es razón de peso para querer ser mejor en tan importante acción humana: comunicar.

            Una alumna en clases, preguntaba si había forma de ayudarle a las personas a desarrollar “tino”, creo que ella no tenía ninguna conciencia de lo atinada ¡que estaba siendo! Hay gente muy desatinada, pero se ha dado cuenta que siempre son los otros, no uno. La verdad, entre usted y yo (en este momento le susurro) uno sabe cuando ha cometido una falta de tino, ¿cierto? Y la idea es que eso pase cada vez menos. ¿Por qué? ¿Dónde está el beneficio en comunicarse mejor? Son muchos: primero que todo, tendrá curiosamente una mejor relación consigo mismo, y se agradece, luego es útil para evitar malos entendidos y los malos ratos asociados a ello, pero lo más importante; comunicarse mejor es sinónimo de hacer el bien, porque se reduce la posibilidad de dañar a otro. En otras palabras, cuando nos comunicamos mejor, cuidamos a los otros, me refiero a todos, no sólo a los seres queridos y compañeros de trabajo o clientes, a todos, porque todos importan.

            Hace algunos años, mi hijo de no más de 7 años, tomó el carro del supermercado, entusiasmado y distraído, sin querer, golpeó suavemente a una señora de edad madura, inmediatamente se disculpó. Esta se dio vuelta y lo increpó: “¡Niño estúpido!, ¡imbécil!, ¿cómo se te ocurre golpearme” yo me acerqué y confieso que con esfuerzo me regulé, porque lo que dije no fue lo que realmente quería decir. Lo que quería decir no era asertivo y si yo no lograba ser asertiva, entonces no sería diferente de ella. En cuanto pude regular mi ira y articular un mensaje, expresé con tono firme y mirándola a los ojos: “Poco inteligente es la persona que trata de estúpido e imbécil a un niño, especialmente si esa persona es un adulto, ¿cómo se le ocurre a usted tratar así a mi hijo?”… Puede juzgar. Es la idea. También aproveche de pensar en qué hubiera contestado usted, o qué hubiera hecho en mi lugar.

            Estamos relacionándonos siempre con muchas personas diferentes que tienen variadas habilidades de comunicación, uno más, otros menos, pero parece ser que siempre se está expuesto a una situación de “desatino” ya sea de uno o del otro. Fantaseamos con poder tener la respuesta ideal, en el momento justo y poder decirlo con claridad. La buena noticia es que se puede y existen varias vías, desde libros, charlas, terapia, coaching, cursos o sencillamente solicitar feedback de sus cercanos. para encontrar aquello que se hace más urgente mejorar.

            Actualmente los cursos de comunicación forman parte de las mallas de muchas carrera profesionales y técnicas, especialmente de aquellas profesiones que tienen relación con brindar un servicio a personas. Es plausible que se haya reconocido esta necesidad y se esté satisfaciendo. Creo que, por ejemplo, a nivel de funcionario público en salud, la diferencia será ostentosamente notable, entre aquellas generaciones que tuvieron cursos de comunicación y los que no. Las nuevas generaciones de profesionales están saliendo al mundo laboral con mejores habilidades blandas y a la larga eso es un beneficio para nuestra sociedad.

            Por último, quisiera compartir con ustedes algunas máximas personales en  comunicación, que no son fáciles de lograr, pero se pueden entrenar con paciencia y perseverancia (considérelo como hacer 25 abdominales todos los días):
-          Dé su opinión sólo cuando se la pidan o cuando la vida del otro corra peligro.
-          Ármese de valor y exprese su malestar a la persona que se lo causa, pero hable de usted y no del otro: “Estoy molesta, porque cuando pasó esto… yo me sentí…”
-          Hay cosas que no se dicen…. Fácil, ¡no las diga! O sea, aprenda a callar. Entregue el mensaje sólo si va a ayudar al otro a convertirse en una mejor persona, de otro modo, no vale la pena.
-          Hay cosas que se dicen, pero con mucho cuidado, el objetivo es doble, hacer llegar el mensaje y no herir al otro con el contenido, por eso debe articularse desde el “yo” y no desde el “tú” y las palabras deben ser seleccionadas con pinzas. Estos mensajes, se preparan, no es conveniente que sean espontáneos.
-          Recuerde que decir “no” es un derecho. Cuando lo que quiere decir es no, eso es algo que no debe dejar de decirse.

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