Conversando un día con un amigo, le comenté que
este mes la columna sería en base al eslogan de la serie “Soltera otra vez”
(protagonizada por la actriz Paz Bascuñan) entonces él se rió y me dijo:
“Bueno, si para las mujeres sobran pasteles y faltan bombones, para los hombres
sobran las Cristinas y faltan más Nicoles” Me hizo ruido y me propuse intentar
realizar un análisis “objetivo” de esta premisa, tratando de dejar mi sexo
femenino entre paréntesis. Seguramente muchos hombres piensan como mi amigo,
así como las solteras se identifican con ese eslogan.
Favor
tener presente esto: como nuestra sociedad tiene un machismo disfrazado, una
soltera de más de 30 es una neurótica desesperada, en cambio un soltero de más
de 30 es un “buen partido” per se. Es bien diferente entonces ¿no?
¿Cuál es el problema al que se
enfrenta una mujer sobre 30 que se queda soltera otra vez? Propongo tres: la
expectativa, el criterio de selección y el punto de partida. Comencemos por la
expectativa: desde hace un tiempo que venimos escuchando la crítica que se le
hace a nuestra cultura por sembrar en las mujeres el sueño-fantasía de que algún
día encontrarán su “príncipe azul” a tal punto que incluso en Facebook hay un
grupo que se llama “demandemos a Disney por hacernos creer en el príncipe azul”
¿Cómo no nos vamos a sentir estafadas o desilusionadas? En cambio, a los
hombres nunca se les inculca que un día encontraran una princesa, en ese
sentido tienen una ventaja, ya que ellos van por la vida buscando y esperando
encontrar algo bastante más aterrizado.
Respecto
del criterio de selección, parece que las mujeres tenemos una check list, consciente
o inconsciente, que incluye una serie de rasgos físicos y de personalidad,
entonces cuando aparece un candidato que cumple varios de esos criterio, pasa a
ser un seleccionado, sin embargo a poco andar, como le pasa a la protagonista,
se desilusiona y pierde interés. Quisiera proponer un criterio de selección
diferente: cómo ama. Todas las personas tenemos potencialmente la capacidad de
amar, pero el tema no es cuánto se ama, el tema es cómo se ama. ¿Seleccionó Ud.
alguna vez a una pareja basándose en cómo ama? La cantidad de amor es
irrelevante comparado con la forma de amar, sobre todo si se considera, por
ejemplo, que los hombres (y mujeres) infieles o golpeadores aman a su pareja y
la aman mucho.
El
punto de partida…Delicado. Hablando con un amigo sociólogo, me dijo: “Tienes
que tener claro que los hombres somos muy concretos para fantasear” a lo que
podemos añadir esa imagen comparativa del cerebro masculino con el femenino,
donde el cerebro del hombre está ocupado en su 80% por la palabra SEXO. Las
mujeres también podemos fantasear con un hombre y de forma concreta, la
diferencia está en que las mujeres no lo hacemos siempre ni con todos los
hombres que consideramos atractivos. El punto de partida del hombre siempre es
el sexo, para la mujeres la mayoría de las veces es una idea o un sentimiento
(románticas si se quiere, pero no por elección, si no por formación) En este
punto se produce choque y corto circuito, especialmente en la mujer, que espera
que el otro la busque por sus ojos, o su ternura, cuando en realidad el otro lo
que tiene en mente es una cama. Las mujeres tenemos que aprender que los
hombres no piensan como nosotras y los hombres…
tienen que enseñarles a sus hijas como son los hombres.
A
veces parece que hombres y mujeres perteneciéramos a equipos contrarios, y que fuéramos enemigos, especialmente cuando
uno de los géneros se dedica a ridiculizar al otro (hábito bastante común).
Creo que todas esas agresiones, burlas y descalificaciones vienen de la
incomprensión y de la necesidad de entender para aceptar, sería bastante más
fácil si cada sexo ¡viniera con un manual! Pero no es así, así que vamos
aprendiendo en el camino, a punta de errores. En términos generales, las
mujeres no entendemos a los hombres y los hombres no entienden a las mujeres,
es histórico. Cuando un hombre y una mujer se eligen mutuamente, para ser
pareja, lo que hay es una genuina y bella intención de entender, pero por sobre
todo, una capacidad para aceptar y amar al otro, a pesar de que no se le
entiende del todo.
El
problema no se trata de pasteles, bombones, Cristinas o Nicoles, no es el
mercado, ni la oferta ni la demanda, el
verdadero problema es que todavía no se ha puesto el foco en lo que realmente
importa: la habilidad para amar. Amar y el conocimiento sobre el amor, debiera
ser aprendido desde el colegio, ¡en el colegio!, ya que es tan importante, o
más, que el conocimiento el literatura, historia o cualquier ciencia.

