Estaba con mi hijo Benjamín (12) en la cocina, yo lavando los platos y él guardando, de repente me pidió algo, no recuerdo bien qué, pero no es lo relevante. Mi respuesta fue un simple y suave no. A continuación una pregunta muy esperada - ¿Por qué no? – yo le contesté que era la primera vez en todo el día que recibía un no como respuesta y que era necesario, que no puedo decirle que sí a todo. Otra vez la pregunta - ¿Por qué no? – Esta vez mi respuesta fue una pregunta - ¿Tú crees que a mí me gusta decirte que no? (con tono de risa). Él, serio y un tanto inseguro me responde - ¿Sí? – Inmediatamente lo corregí – Nooooo, no me gusta, ¡me carga! (nos reíamos los dos a carcajadas) – Ya poh, entonces dime que sí – En este punto de la conversación me pareció pertinente explicarle que cada vez que le digo que no, él se frustra y que eso me frustra mí”. Miró con cara de sorpresa y dijo - ¿Cómo?- Y le mostré que muchas de las veces que digo no, él se enoja, se amurra o se pone de mal humor, responde mal y el clima queda tenso y yo más irritable. Es muy comprensible, todos conocemos el amargo sabor de la frustración, el tema aquí fue mostrarle que como mamá esa “pega” es frustrante también.
Muchas veces dejamos de tener conciencia de lo ingrato que nos resulta decirle que no a un hijo y en la importancia de cumplir con esta labor. Como decía un sabia profesora mía en la universidad “Los límites también son amor”. Sería mucho más fácil ser mamá o papá si no tuviéramos el trabajo “sucio” de poner límites y decir que no, pero lo tenemos, nos toca y hay que hacerse cargo. Frustrar no es necesariamente castigar. Frustrar, en una cuota apropiada, es preparar para la vida. Si no les enseñamos nosotros en casa a lidiar con su frustración ¿quién? Y si no es en la niñez ¿cuándo? Como padres somos formadores de carácter y el carácter es lo que les permitirá sobreponerse a la adversidad y sobrellevar las dificultades cuando la vida se ponga cuesta arriba. Ojo, no estoy planteando y política del terror, ¡no!, los extremos son poco convenientes, hablo del tan anhelado y difícil equilibrio entre el deber y el placer, entre el sí y el no, entre la gratificación inmediata y la postergada.
Nuestros hijos están de vacaciones y eso por lo general es sinónimo de gratificación inmediata las 24 horas del día y cero deber. ¿Qué tarea tiene asignada su hijo/a en casa? duermen hasta la hora que quieren, comparten con sus amigos, ven tele, juegan play station, salen a pasear, van a la playa, se come helado, etc. Puro hedonismo y la formación del carácter queda de vacaciones también, el problema es retomarlo en marzo y qué tan efectivo se hace.
Sí, son niños, sí, están de vacaciones, sí, que lo pasen bien, pero no por eso se van a borrar las líneas que enmarcan la cancha. Mantener en su mínima expresión una cuota de frustración, ser consecuente en que se respeten las pocas normas que tiene en su casa, que ayuden con una o dos cosas en casa, son una sabia y acertada decisión que contribuyen al desarrollo emocional de sus hijos. ¿O será que ud prefiere no frustrarse frustrándolo? Ser padres es una tarea de 365 días.

