miércoles, 12 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Columna CM Enero 2014: "De vuelta al propósito original"
Cuando se es
adolescente, se tiene muy presente que lo que se busca en la vida es la
felicidad, sin embargo al llegar a la adultez, parece que ese propósito se
desvirtúa, muta y con frecuencia se pierde. Esta no es una idea nueva,
Aristóteles fue, al parecer, el primero en plantear que todos los seres humanos
tendemos a buscar la felicidad.
Hace unos días,
conversaba con una mujer de unos 40 y tantos, estando consciente de mi
profesión, realizó una autorevelación importante en forma espontánea. Ella como
si nada, en tres minutos me contó que su relación matrimonial estaba
prácticamente muerta, pero que no se podía separar, porque no estaba casada y
él la tenía amenazada con el tema plata. Yo me quedé unos segundos con el
corazón acongojado y me pregunté si alguien puede ser feliz en esas
condiciones. Después tomé conciencia que yo estaba reflexionando con mi
definición de felicidad, pero desconocía la de ella.
Podríamos
invertir horas tratando de definir qué es la felicidad, pero la verdad esa
tarea no tiene mucho sentido, porque la felicidad es en realidad lo que cada
persona define como tal, por eso a uno no le sirve la definición de felicidad
de otro. No saber qué es la felicidad para uno, dificulta su consecución.
Piense un momento en su propia definición de felicidad… tenga presente que
puede distinguirla del hedonismo, que es la consecución del placer como fin
supremo. Le puede ayudar pensar en las situaciones, acciones, pensamientos y emociones que le
conducen a su propia felicidad, que no necesariamente tiene que ver con placer
inmediato.
Ahora bien,
habiéndose aproximado a su definición de felicidad, la pregunta es: en su lista
de prioridades de vida ¿en qué lugar está el ser feliz? Puede que para muchos
esté dentro de las tres primeras, pero otros podrían sorprenderse en esta
lectura y darse cuenta que no aparece.
Si tiene
pareja, lo ideal es compartir esas definiciones y tal vez negociar, si no,
basta con estar bien informados, porque si yo sé que al otro lo hago feliz
colgando la toalla o llevando flores una vez a la semana, con esa información
se puede contribuir a la felicidad mutua, pero eso es para otra reflexión, ya
que por ahora nuestro foco es la propia felicidad.
Entre la casa,
el trabajo, los niños, el supermercado, trámites, la reunión, dormir, comer, las tareas, el
encuentro con los amigos, el momento de intimidad con la pareja, etc. nos
perdemos a nosotros mismos, sobre todo si se tiene un sentido del deber intenso
que gobierna nuestro andar. Está bien cumplir, está bien hacer el deber, pero y
su felicidad ¿La promueve? Parece que uno de los errores más frecuentes es
depositar en otros la responsabilidad de la propia felicidad, cuando el primer responsable
¡es uno mismo!
Existirán
tantas definiciones de felicidad como personas a las que les preguntemos, pero
hay algo en común: todos queremos ser felices, sin embargo perdemos conciencia
de esto con otros objetivos de vida, dejando de ser una prioridad importante y dejamos de realizar acciones que nos
conduzcan a ese fin fundamental.
Por último, es
importante distinguir entre lo que depende de usted y lo que no depende de
usted. A mi, ganarme el Kino me haría feliz, pero eso no depende mucho de mí,
excepto la parte de que debo comprar el boleto, el resto es azar. A veces las
personas depositan la felicidad en la pareja, entonces viven bajo la premisa
del “si tú no estás, yo no puedo ser feliz” y solos se encierran en una cárcel
y se tragan la llave, porque ese tipo de pensamiento es una autocondena, una
zancadilla que se hace a así mismo. Descubrir aquello que le hace feliz y que
depende de usted, aumenta considerablemente sus posibilidades de ser feliz.
La vida cambia
si todos los días en la mañana, al despertar se pregunta ¿Qué voy hacer hoy
para ser feliz?
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