martes, 6 de agosto de 2013

Columna Junio CM: "Aprender de la experiencia de otro"

Cuando era una adolescente, mi madre, mujer sabia, me dijo: “Existen tres tipos de personas, las que solo aprenden de su propia experiencia, las que aprenden de su  experiencia y además de las experiencias de otros y los que nunca aprenden nada…yo quiero que también aprendas de otros”

Es delicado cuando se habla de otros, porque no debemos tomarnos la atribución de emitir juicios (aunque lo hacemos por naturaleza y con frecuencia) por eso es conveniente preguntarse cuándo y cómo es apropiado hablar de otros. Integrando las ideas de tres fuentes diferentes: lo que dijo mi madre, lo planteado por la comunicación efectiva: la opinión se da sólo cuando se la piden, más el propósito de vida declarado por el autor australiano Mathew Kelly: “Convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos”, he llegado a la conclusión de que podemos hablar de otros cuando el fin es aprender y no enjuiciar. Difícil tarea a la que le desafío en esta columna. Lea con atención la historia real que le contaré, y toda vez que comience a emitir un juicio, frénelo y no lo termine. Veremos al final si es de las personas que logra aprender de la experiencia de otros.

Un joven en sus veinte y tantos, conoce a una chica, ambos universitarios y del mismo medio, tienen química, comienzan a compartir y  al cabo de unas semanas nace un tipo de romance muy común en nuestros tiempos, sin nombre, sin límites, todo más bien ambiguo. Luego, van de visita el uno a la casa del otro, conocen a sus respectivos padres, salen, más nunca se muestran en público como pareja, o sea inexplicablemente tienen una relación con intimidad sexual, pero oculta. Ella declara pocos sentimientos, él también, pues teme que no sea recíproco y no quiere ahuyentarla ni presionarla, pasan así un par de meses. Dado que la relación parece no prosperar, terminan. Un mes y medio después, ella lo busca y él la acepta, pues tiene sentimientos hacia ella. Pasan eventos que le van dando señales confusas a él, ella sale los fines de semana con sus amigas y no lo invita, pero sí lo invita a compartir con su familia. Pasan otros meses más y ella decide poner término a la relación, despidiéndose en un último encuentro amoroso. Él le preguntó si tenía sentimientos por alguien más, ella dijo que no. Confundido y triste trata de elaborar esta experiencia. Una semana después la ve a ella muy abrazada con un hombre. Ella había iniciado una relación abiertamente con otro.

Es probable que su cabeza esté repleta de juicios ya y ni si quiera se haya dado cuenta, déjelos a un lado y vamos a lo nuestro: el aprendizaje (que es un cambio). Puede que usted o alguien cercano a usted alguna vez haya estado en el lugar de él, o en el lugar de ella. ¿Qué nos lleva a quedarnos en relaciones insatisfactorias?, ¿Dónde radica el temor a pedir un mínimo de definición en una relación amorosa?, ¿Qué podemos esperar de alguien que elige ocultar la relación, a pesar de que ambos son solteros?, ¿Hasta qué punto somos capaces de cuidar al otro y sus sentimientos?, ¿Cuán conveniente es quedarse en una relación por la esperanza de que podría ser mejor?, ¿Cuánto daño podemos causarle a alguien que nos ha querido bien?,¿Cuáles son las cualidades que se están valorando del otro?, ¿Qué nos lleva a tener relaciones ambiguas y sin límites?,¿Cuán capaces somos de ser honestos y decir lo que queremos y ofrecemos?

Cuando escuché con atención esta historia, confieso haber sentido mucha rabia, principalmente porque sentí que él no merecía la falta de cuidado con la que se le había tratado, sobre todo considerando lo correcto y amoroso que había sido, sin ser perfecto, porque nadie lo es y de seguro hubo cosas que él también pudo haber hecho mejor.

¿Qué aprende usted de esta historia? Yo, que las palabras escuchadas de una psicóloga en una charla hace varios años atrás son muy ciertas: si va a elegir pareja, preocúpese de que tenga un buen vínculo con la madre. Cuando le pregunté a él, qué había aprendido de esto, me dijo varias cosas, y la que más me gustó fue: “Escuchar más a mi mamá”. Me quedo con la pregunta de si ella aprendió algo… mi intuición es que va a aprender, pero de la relación actual.


Los patrones de comunicación y formas de relacionarse se traspasan de una generación a otra y tienden a repetirse, si bien pueden ser cambiados, sin terapia es menos probable y más difícil. Mire qué patrón tiende a repetir y evalúe cuál es conveniente modificar, no sólo por usted, sino también por otros, puede que esté causando daño y no tenga ninguna conciencia de ello.