Cuando era una
adolescente, mi madre, mujer sabia, me dijo: “Existen tres tipos de personas,
las que solo aprenden de su propia experiencia, las que aprenden de su experiencia y además de las experiencias de otros
y los que nunca aprenden nada…yo quiero que también aprendas de otros”
Es delicado cuando se
habla de otros, porque no debemos tomarnos la atribución de emitir juicios
(aunque lo hacemos por naturaleza y con frecuencia) por eso es conveniente
preguntarse cuándo y cómo es apropiado hablar de otros. Integrando las ideas de
tres fuentes diferentes: lo que dijo mi madre, lo planteado por la comunicación
efectiva: la opinión se da sólo cuando se la piden, más el propósito de vida
declarado por el autor australiano Mathew Kelly: “Convertirnos en una mejor
versión de nosotros mismos”, he llegado a la conclusión de que podemos hablar
de otros cuando el fin es aprender y no enjuiciar. Difícil tarea a la que le
desafío en esta columna. Lea con atención la historia real que le contaré, y
toda vez que comience a emitir un juicio, frénelo y no lo termine. Veremos al
final si es de las personas que logra aprender de la experiencia de otros.
Un joven en sus
veinte y tantos, conoce a una chica, ambos universitarios y del mismo medio,
tienen química, comienzan a compartir y al cabo de unas semanas nace un tipo de
romance muy común en nuestros tiempos, sin nombre, sin límites, todo más bien
ambiguo. Luego, van de visita el uno a la casa del otro, conocen a sus
respectivos padres, salen, más nunca se muestran en público como pareja, o sea
inexplicablemente tienen una relación con intimidad sexual, pero oculta. Ella
declara pocos sentimientos, él también, pues teme que no sea recíproco y no
quiere ahuyentarla ni presionarla, pasan así un par de meses. Dado que la
relación parece no prosperar, terminan. Un mes y medio después, ella lo busca y
él la acepta, pues tiene sentimientos hacia ella. Pasan eventos que le van
dando señales confusas a él, ella sale los fines de semana con sus amigas y no
lo invita, pero sí lo invita a compartir con su familia. Pasan otros meses más
y ella decide poner término a la relación, despidiéndose en un último encuentro
amoroso. Él le preguntó si tenía sentimientos por alguien más, ella dijo que
no. Confundido y triste trata de elaborar esta experiencia. Una semana después
la ve a ella muy abrazada con un hombre. Ella había iniciado una relación
abiertamente con otro.
Es probable que su
cabeza esté repleta de juicios ya y ni si quiera se haya dado cuenta, déjelos a
un lado y vamos a lo nuestro: el aprendizaje (que es un cambio). Puede que
usted o alguien cercano a usted alguna vez haya estado en el lugar de él, o en
el lugar de ella. ¿Qué nos lleva a quedarnos en relaciones insatisfactorias?, ¿Dónde
radica el temor a pedir un mínimo de definición en una relación amorosa?, ¿Qué
podemos esperar de alguien que elige ocultar la relación, a pesar de que ambos
son solteros?, ¿Hasta qué punto somos capaces de cuidar al otro y sus
sentimientos?, ¿Cuán conveniente es quedarse en una relación por la esperanza
de que podría ser mejor?, ¿Cuánto daño podemos causarle a alguien que nos ha
querido bien?,¿Cuáles son las cualidades que se están valorando del otro?, ¿Qué
nos lleva a tener relaciones ambiguas y sin límites?,¿Cuán capaces somos de ser
honestos y decir lo que queremos y ofrecemos?
Cuando escuché con
atención esta historia, confieso haber sentido mucha rabia, principalmente
porque sentí que él no merecía la falta de cuidado con la que se le había
tratado, sobre todo considerando lo correcto y amoroso que había sido, sin ser
perfecto, porque nadie lo es y de seguro hubo cosas que él también pudo haber
hecho mejor.
¿Qué aprende usted de
esta historia? Yo, que las palabras escuchadas de una psicóloga en una charla
hace varios años atrás son muy ciertas: si va a elegir pareja, preocúpese de
que tenga un buen vínculo con la madre. Cuando le pregunté a él, qué había
aprendido de esto, me dijo varias cosas, y la que más me gustó fue: “Escuchar
más a mi mamá”. Me quedo con la pregunta de si ella aprendió algo… mi intuición
es que va a aprender, pero de la relación actual.
Los patrones de
comunicación y formas de relacionarse se traspasan de una generación a otra y
tienden a repetirse, si bien pueden ser cambiados, sin terapia es menos
probable y más difícil. Mire qué patrón tiende a repetir y evalúe cuál es
conveniente modificar, no sólo por usted, sino también por otros, puede que
esté causando daño y no tenga ninguna conciencia de ello.



