Le pregunté cómo le estaba yendo
en la universidad, se puso la mano en la cabeza, hizo una mueca y me dijo, “no…si
me echaron”- ¿por qué? Pregunté yo- “Me eché cálculo por tercera”. Después de
tres años de universidad dará la PSU de nuevo y partirá de cero.
Estudiantes
universitarios en esta situación es bastante común. Inmediatamente pensé ¿qué
le habrá pasado? ¿Será que nunca estudió?, le bajó el perfil, creyó que lo
dominaba y luego los resultados le mostraron lo contrario, o ¿no le importaba?.
También pensé en cómo se sentirá este universitario y sus padres. Claramente
hay un inmenso abanico de posibilidades y si bien este tipo de situaciones no
son una catástrofe, sí es conveniente mirarlas y sacar conclusiones valiosas.
Yo a él lo vi tranquilo, pero realmente desconozco lo que siente y a veces la
procesión va por dentro.
Otra
universitaria, misma situación pero escenas previas al desenlace, se encuentra
dando un ramo por tercera y ha decidido aprobarlo, porque la consecuencia
también es no poder seguir en esa universidad. En este caso los factores que han
interferido son más bien de tipo emocional. Chica resiliente, empeñosa,
comprometida que está dando la batalla. Independiente del resultado, ella ya
ganó.
Estudiante
de medicina, bri-llan-te, pero con una poca desarrollada capacidad de
organización y ausencia casi total de estrategias de aprendizaje y métodos
eficientes de estudio, se ha fijado una meta: hacer un bloque de estudio
eficiente diario (con producto demostrable). Además, desde ya prepara
contenidos de ramo que debe repetir el primer semestre del próximo año.
Ejemplar, no le parece?
Mis
alumnos actuales, en el curso de Comunicación efectiva, hace poco rindieron su
primera solemne. Siempre se espera un porcentaje de notas deficientes y cuando
esto ocurre yo converso con esos alumnos, para indagar las posibles causas de
esos aprendizajes no logrados. Al final de la clase tenía al pequeño grupo de
alumnas con notas descendidas y les dije que me gustaría saber qué era lo que
había pasado. Entonces la primera pregunta que les hice fue: Del 1 al 10, ¿Cuánto
estudiaron?- Y ellas muy honestas contestaron “cero profe”. Yo me encogí de
hombros. No fue necesario decir nada más.
Hace
unos meses, un domingo en la mañana, recibí una curiosa foto. Una ex cliente de
Entrenamiento escolar, que ahora está en 2º año de Kinesiología, me mandó una
foto de su resumen. Era espectacular, porque lo construyó sola, en una sesión
de estudio voluntaria y muy eficiente. Cuando a esto le añadimos que ella
estudia mientras su pequeño hijo de 5 años juega cerca, la labor se hace aún
más admirable Para mí fue como… imagino se sintió el entrenador de Nadia
Comaneci cuando ella obtuvo un 10 en la barras paralelas.
Es un hecho
que hay personas que pasan y terminan la enseñanza media sin estudiar, pero ese
método no resulta en la universidad. Entonces aprender a aprender y saber
estudiar son conocimientos y estrategias que idealmente se deberían desarrollar
en la educación básica, para así ponerlas en práctica en la enseñanza media y
llegar con herramientas sólidas y eficientes a la educación superior. Esto no
es sinónimo de “matarse estudiando” una persona con estrategias puede estudiar
poco tiempo, pero rendir muy bien. El tema es calidad del aprendizaje, no
cantidad de estudio.
Muchas
veces hay colegiales y universitarios que reportan estudiar mucho y sus
resultados no son buenos, ¿por qué? Porque toman sopa con tenedor. Hay que
ayudar a que nuestros hijos construyan su propia “cuchara”, porque la sopa de
la universidad es muy difícil y cara como para ¡tomarla con tenedor!
