El año pasado, trabajando con una
adolescente en sesión de entrenamiento escolar, le explicaba algo, cuando
terminé, le pregunté si había entendido, ella muy complicada me dijo que no, entonces
se lo expliqué de una manera similar, volví a chequear y me dio un sí poco
convincente, por lo que se lo expliqué una tercera vez, esforzándome esta vez
en hacerlo un poco diferente, cuando escuché ese típico. “ahhh” sonreí, porque
supe que ahora sí había entendido, entonces ella me preguntó: “¿Cómo es que no
te enojas porque no entiendo? Y yo le respondí: “ ¿por qué me voy a enojar?” Y
dijo – “es que mi profesor siempre se enoja cuando le digo que no entiendo”
Sé
que es de perogrullo, pero de todos modos lo diré. Entender es el primer paso
para lograr un aprendizaje, y es un epíteto, porque es como decir la blanca
nieve o el pasto verde, sin embargo esto
es algo que los alumnos deben saber y a veces, los profesores necesitan
recordar. Si el alumno está atento y deposita energía en entender y no
entiende, es deber del profesor encontrar recursos y creatividad para ayudar al
alumno a lograr esa comprensión.
Hace
un par de semanas, la misma chica de la que hablé al comienzo, me contó que en
clases de matemática, el profesor la había sacado a la pizarra y que cuando
ella no supo resolver el ejercicio él le dijo: “¡Cómo es posible! ¡Usted parece
que no entiende nada! Y yo lo expliqué” - Entonces le dije que lo que su
profesor necesitaba era un colchoncito
emocional (como dice mi amiga
Lorena) y porque su profesor se frustraba con ella, pero que ella no dejaba de
ser inteligente por no entenderle. Le sugerí que la próxima vez que ocurriera
esa misma situación le diera ese colchoncito emocional. Y pasó otra vez y lo
hizo, le dijo: “Yo sé que a ud le frustra que yo no entienda… imagínese cómo me
frustra a mi no entender” El profesor cambió 100% su actitud y le dijo que lo
buscara en el recreo y que él le volvería a explicar todo lo que no entendía.
Maravilloso ¿no?
La
frustración del profesor no es responsabilidad del alumno, así como la del
alumno tampoco es responsabilidad del profesor, pero a todos nos viene bien ser
contenidos cuando estamos frustrados, porque se redefinen las posibilidades y
en este caso favorece la relación alumno-profesor, que a su vez interfiere en
la calidad de los aprendizajes.
Por supuesto que es
frustrante explicar algo y que el otro no entienda, sobre todo cuando hay 20
más en la sala y se está cansado o descontento quizás por cuánta cosa, por lo
mismo ¡es un desafío! La tarea es tomar conciencia, darse cuenta, mirarse y
preguntarse: “¿por qué me da tanta rabia que este alumno/a no entienda?” la
respuesta lógica es “porque me frustra” y luego el recurso más valioso es la
empatía. En la historia que conté fue la alumna la que mostró empatía con el
profesor. Vale tener presente que cuando a uno le frustra una situación con
otro, lo más probable es que el otro esté tan frustrado como uno.
Una
persona no es poco inteligente por no entender una explicación, porque bajo esa
máxima… todos somos tontos, yo más bien pienso que tonto es el que piensa eso.

