martes, 7 de diciembre de 2010

Columna Noviembre: "Padres que ayudan a estudiar a los hijos"

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             Si una Universidad extranjera de renombre, realizara una investigación y concluyera que: “Los hijos amados por sus padres tienden a ser más felices” ¿alguien se sentiría sorprendido por esto? Lo dudo, cabe de cajón ¿no?, sin embargo una investigación de las Universidades de Leeds y Leicester (Reino Unido) concluyó que: “El esfuerzo de lo padres es fundamental en el éxito escolar de sus hijos” y esto se presenta en diversos medios de comunicación como algo nunca antes pensado, como algo nuevo… ¿lo es?

            Que importante es atender a los resultados de las investigaciones actuales, no sólo las extranjeras, en Chile también se realizan investigaciones muy interesantes y de relevancia social, pero me parece que es aún más importante, que los medios masivos de comunicación se ocupen de entregar correctamente la información, de otro modo se pierde el valor real que tiene el aporte hecho por aquellos investigadores y el poder que da la información queda obsoleto.

            Plantear que “los padres insistentes tiene  mejor éxito” o que “los niños rinden mejor si los padres estudian con ellos”, se presta para confusiones y malos entendidos, porque todos sabemos que en algunos casos, es mejor que ese padre o madre no estudie con su hijo, sí, así es, en algunas familia los padres realmente benefician más sus hijos no “ayudándolos” porque cuando lo hacen los agreden física y/o psicológicamente. Qué beneficio pueden tener en el aprendizaje o en el tan sobrevalorado éxito académico, comentarios como: “Eres un poco lento” “¿Cómo no entiendes?, ¡si te lo he explicado de mil formas!” todo esto, por supuesto acompañado de un tono y un volumen que distan de el idóneo clima acogedor que requiere un aprendizaje de calidad, generando una respuesta de estrés en el niño y una experimentarse como poco competente, que  además ayuda a desarrollar una aversión al estudio y deteriora la relación paterno - filial. Ningún beneficio.

            Francamente no me sorprende el resultado obtenido en dicha investigación, porque está enfocado en padres que poseen habilidades de autorregulación, que no se descontrolan, porque están hablando de padres amorosos y pacientes, que con una firmeza no agresiva establecen límites, que a su vez tienen confianza en las capacidades de sus hijos, padres que premian, alaban y refuerzan genuinamente el logro que tuvieron sus hijos y  que no funcionan bajo la premisa: “con tu deber no más cumples”. Por supuesto que eso padres
           
Lo que sí me hace abrir los ojos es la conclusión (con respaldo científico dado por la misma investigación) que en las familias con mejores recursos socioeconómicos el esfuerzo realizado por los padres tiende a ser mayor y es eso lo que influencia positivamente el avance que tiene los hijos. En otras palabras es un patrón transgeneracional que se presenta como eficiente en un sector de la población, porque hijos que tuvieron padres comprometidos se convierten en padres comprometidos a su vez. En su contraparte, en los sectores de escasos recursos, por una multiplicidad de causas, hay menor compromiso y menor esfuerzo lo que se traduce en más bajo rendimiento, ¡de todas maneras! Porque la adversidad de la vida impone sus prioridades (a esto hay que sumarle que la educación particular no es de la misma calidad que la pública),

            Sería interesante entonces responder la siguiente pregunta, si en algunos casos es mejor que los padres no se involucren y en otros casos, no lo hacen porque no pueden, porque no saben ¿quién suple eso? Sin duda que más de alguien tuvo la fortuna de encontrar un “repuesto”*.(busca la teoría del repuesto en el blog)