miércoles, 22 de septiembre de 2010

Columna Septiembre: "Es un poco más difícil"

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Sí, hay que reconocerlo, en términos generales criar a un hijo con Déficit Atencional (TDA) es un poco más difícil que criar a uno sin TDA (que no presente otra condición especial que sea vitalicia), básicamente porque la incorporación de conductas y hábitos cuesta el doble o el triple, entonces implica unos gramos más de paciencia… o ¡unos kilos! Pero, estudiar con un niño con TDA es una labor maravillosamente compleja, lo que lo constituye en un desafío, que muchos padres, en su mayoría, asumen día a día silenciosamente.

            Muchas veces he escuchado a diferentes psicólogos, en charlas y seminarios, decir que no existen recetas, yo estoy de acuerdo, sin embargo hay algunos datos y recomendaciones que vale la pena tener presentes, sólo porque le han sido útiles a varias personas y eso aumenta la posibilidad de que le sean útiles a Ud.

            La edad del niño va a marcar una diferencia importante en las estrategias que se implementen, el estilo de crianza que se haya tenido hasta ese momento es sustancial, porque de eso, entre otras cosas, dependerá el desarrollo de la triada emocional del niño/a (tolerancia a la frustración – capacidad de postergar el placer – control de impulso)

            Ante un niño/a o adolescente con TDA (e incluso sin), que literalmente sufre cada vez que tiene que hacer una tarea o de frentón nunca estudia solo, tiene cuadernos incompletos y nunca sabe cuándo tiene prueba,  se pueden realizar diferentes estrategias que ayuden a moverse de dicha situación, ninguna es mágica y todas requieren de más trabajo parental, pero pueden resultar bastante exitosas. Aquí van algunas, que en mis 8 años como Entrenadora escolar, he comprobado que son lo suficientemente efectivas:
  • Acompañelo/la: esto no es hacer la tarea por él/ella para que la tortura termine, sino que es estar física y cognitivamente con él o ella, brindándole una estructura, trayéndolo/a una y otra vez (idealmente con calma), en otras palabras, ponga su capacidad atencional al servicio de su hijo/a
  • Trabaje con él, no para él: Si tiene que  hacer ejercicios de matemáticas, ¡anímese! Tome un lápiz y hágalo Ud. también, Ud. es el modelo por excelencia, no importa si no se acuerda, o si no sabe, mejor! Él o ella le enseña y así se siente competente y desarrolla la atención sostenida.
  • Fije expectativas realistas: no espere que lea 20 páginas sólo, si nunca ha leído más de 5. Antes de comenzar la sesión de estudio, dependiendo de su etapa, acuerde o negocie lo que se hará.
  • Identifique el tiempo en que se fatiga, esto ocurre cuando su atención se vuelve aún más dispersa y su postura corporal, por ejemplo desparramarse en la silla más los bostezos, le indican que cumplió su cuota. Respete ese tiempo y acuerde sesiones de estudio que tengan esa duración o 5 minutos menos, no se aflija si son 35’ minutos, serán de calidad.
  • Debe encontrase una forma en que la “isla estudio” quede rodeada de “un mar” de cosas gratas, es decir, uno de los elementos clave está en la motivación, que no es otra cosa que encontrar la “zanahoria” perfecta, que mire y efectivamente logre alcanzar al finalizar la tarea. Se pueden implementar en casa sistemas de reforzamiento simple. Está científicamente demostrado que los niños (y nosotros también) respondemos muy bien ante el reforzamiento positivo, esto sí implica, ojo, desprenderse de esta concepción de que el niño/a cuando hace la tarea “con su deber no más cumple”. Ud sabe que si su jefe le dice eso, aunque ud reciba su sueldo a fin de mes, la experiencia es la de que no se le está valorando por lo que hace e incluso puede llegar a dudar de cuán competente es la para la vida, es decir, puede mermar la autoestima.

             Una gota de miel para su alma: su hijo está contratado para desatender, no lo hace para que Ud. se enoje, ni porque es mal criado, ni egoísta. Se ha dado cuenta que ¿no conoce el resentimiento? Cuando se enojan, pasan unos minutos y eso también lo olvidan.