viernes, 26 de junio de 2009

"De príncipes y sapos" Nº 6

Esta vez les voy a contar una historia de príncipes, dragones, brujas y princesas de la vida real, tan reales son los personajes que algunos de ellos incluso leerán esta columna. 
Cuando tenía 19 años conocí a un chico durante unas vacaciones de verano en Iquique, se llamaba Sebastián, era sencillamente encantador y muy guapo, pero estaba pasando, creo, por uno de los momentos más dolorosos y difíciles de su vida; algunos meses antes su polola había fallecido en un accidente automovilístico y todavía estaba recibiendo el golpe. Mientras escribo esto, se me viene a la mente Belén Molina, polola de Diego Schmidt–Hebbel, que vio morir a su amado mientras la protegía de un sicario y luego pienso en mi madre, que perdió a su novio de la juventud, también en un accidente, meses antes del matrimonio. Estas son historias verdaderamente sobrecogedoras y al lado de esto, cualquier lágrima derramada por un quiebre amoroso parece absurdo. ¿Cómo se sobreponen las personas de algo así? Podría pensarse que después de eso no hay más amor.  
Muchas veces cuando vivimos una ruptura amorosa, la vivencia se asemeja en varios aspectos a la del duelo por una muerte, aparece la negación, luego la rabia, la pena, la angustia y con el tiempo llega la aceptación, pero existe una diferencia sustancial entre la una y la otra, principalmente porque cuando el amado o amada muere, la pérdida es sin la voluntad de ninguno de los dos y se debe aceptar el hecho de nunca más se le volverá a ver o escuchar, en la pérdida psicológica el dolor se genera porque uno muere simbólicamente solamente en el corazón del otro. 
Cuando los procesos han sido respetados y se han hecho cosas útiles con el tiempo transcurrido, parece ser que el alma se rapara, por supuesto que jamás olvida, pero la herida deja de sangrar, aunque la cicatriz es para siempre. Las oportunidades se vuelven a presentar, porque la vida es generosa. Retomo ahora la historia de Sebastián, pasaron muchos años y hace un par de meses nos reencontramos por Facebook, en ese momento él estaba en los preparativos para su matrimonio. El fin de semana estuve mirando las fotos de la fiesta, él y su amada estaban dichosos, radiantes y luminosos, ¡tan llenos de vida!, al pasar las imágenes me parecía escuchar las música y las risas, yo me sentí feliz por ellos. La última vez que miré el perfil de Sebastián tenía la ecografía del hijo que esperan. 
Sólo puedo imaginar lo que se siente ante la muerte de la pareja, pero claro no es lo mismo ver el camino que recorrerlo y creo sinceramente que quienes vuelven a sonreír y deciden volver a amar, después de haber recorrido ese camino, no sólo son sobrevivientes, sino que además son los verdaderos héroes de la vida y sin duda que merecen con creces un final feliz muy al estilo de la vida real. 
No sabemos qué nos tocará vivir, muchas veces no elegimos lo que nos pasa, sólo nos queda elegir cómo nos vamos a vivir eso que nos pasó y ya que tenemos la posibilidad de aprender de la experiencia de otros, más nos vale mirar, poner atención y aprender, por si acaso, en una de esas, quién sabe…

lunes, 8 de junio de 2009

Catapensamientos 3

  • Estar enamorado/a es un "estado de idiotez" que eventualmente se pasa.... quiero estar idiota.
  • Cuando alguien realmente te gusta, te comportas como un niño: te escondes mientras secretamente deseas ser encontrado, descalificas para que no se note que te gusta y cada vez que estás con esa persona, lo unico que quieres es que ese momento no termine más.
  • Duele más querer y no ser querido que no querer al que te quiere. 
  • El miedo al compromiso jamas va a ser impedimento para que te comprometas con la persona de la que te enamoraste.